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P. Salvador Carrillo
Alday, MSpS.
He vivido en la Congregación de MSpS durante 62 años. Desde los
siete años de edad, al visitar la Escuela Apostólica de Tlalpan, sentí que Dios me
llamaba a ser sacerdote en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. Por
esos días, tuve la gracia de conocer personalmente al P. Félix y a Concepción Cabrera
de Armida, en la Casa de las Religiosas de la Cruz. Recuerdo la profunda impresión que me
causaron. Sentí haber conocido santos. A partir de entonces, gracias al
contacto con los Misioneros de la Capilla del Espíritu Santo, en San Luis Potosí, pude
encontrar los caminos concretos para ingresar en esta Congregación.
Lo que más me impresionaba de los Misioneros eran dos cosas:
- Su nombre
de Misioneros del Espíritu Santo. A mis pocos años intuía que ellos vivían un especial
amor y relación con el Espíritu Santo.
- Sus
Templos, en los que siempre estaba expuesto el Santísima Sacramento en una custodia
iluminada, invitando a la adoración.
La vocación de Misionero del Espíritu Santo se sintetiza en
extender el Reino de Dios, como reinado del Espíritu Santo, reinado de amor,
justicia, gozo y paz, promoviendo la santidad en todo el Pueblo de Dios, según el
espíritu de Cristo Sacerdote y Víctima.
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H. Sergio Osorio Vigil, MSpS.
Sin conocer realmente a la Congregación, ni su carisma y misión, lo que me atrajo fue la
experiencia vivida en una Navidad en el Noviciado. Llegué acompañando a una familia que
visitaba a su hijo para celebrar las posadas; al término del encuentro solicité quedarme
de retiro por ser fin de año. Se me permitió participar en la celebración de Navidad y
fue en esta semana que me enganché con la Congregación. La alegría
comunitaria, la fiesta, el canto, la manera de celebrar el nacimiento de Jesús, el
apostolado en Santa Bárbara, el clima real de oración y silencio, la libertad para
moverse de los religiosos en formación, la cercanía de los formadores, etc., fueron
algunas de las cosas que me hicieron decir: «éste es mi lugar» y tomar posteriormente
la decisión de ingresar a la Congregación. Fui aceptado y ya llevo viviendo en esta
familia cerca de diez años.
Tengo la certeza de que el Padre Bueno, desde siempre, me soñó
acompañando a nuestros hermanos los pobres, los más necesitados. Ha sido una experiencia
gradual, donde el Padre Bueno me ha llevado de la mano para tocar realidades de pobreza
que le han ido dando mucho sentido a mi vocación, a mi anhelo de ser sacerdote para los
más pobres.
Lo que más me gusta de mi vocación de Misionero del Espíritu
Santo es poder acompañar espiritualmente a las personas que se han acercado a mí a pedir
dirección espiritual. Éste es un espacio que disfruto mucho, un espacio en el que me
comprometo efectivamente y que me llena de vida y me permite compartir mi fe, compartir lo
que Dios ha ido haciendo en mi vida, y también ser testigo de la acción del Padre Bueno
en mis hermanos y hermanas que acompaño. La dirección espiritual es un espacio
privilegiado para presenciar cómo el Dios de la vida se va metiendo amorosamente en la
vida de sus hijos e hijas para tomarla, sanarla, transformarla y relanzarla al seguimiento
de Jesús por el Reino.
Hoy vivo en la Santa Cruz del Pedregal, una de nuestras parroquias
localizada en una zona económicamente muy buena de la Cd. de México. Estoy acompañando
a adolescentes y jóvenes en su proceso de fe. Poco a poco me he ido integrando al
ambiente, no sin dificultad, pero con paz. La misión congregacional, mi misión en este
ambiente, es de gran actualidad y referencia para estos muchachos; desde la cercanía
quiero hacer presente el amor misericordioso del Padre que perdona siempre y que llama a
la misión del Reino desde los más necesitados; quiero ser signo de amistad que acompaña
a los jóvenes a darse cuenta de otras realidades de pobreza y dolor, de las que no
podemos ser ajenos y que interpelan nuestro ser cristiano.
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Según
los novicios
me atrajo a la Congregación e influyó positivamente en mi
decisión:
la figura del P. Félix;
su estilo de trabajar, de hablar, de dirigir espiritualmente;
la vida en comunidad, el ambiente de fraternidad y sentido de familia;
su testimonio, entusiasmo, alegría, sencillez y cercanía;
el carisma y la Espiritualidad de la Cruz;
la manera de celebrar la Eucaristía.
la Congregación de
Misioneros del Espíritu Santo:
Es
exigente, activa, humana, actual, fuerte, espiritual y realista, un tesoro para la
Iglesia, efectiva en la Iglesia, madre, cercana, respuesta de Dios a nuestra realidad, con
una riqueza espiritual impresionante.
Está
renovándose,
en expansión, creciendo, en refundación, en camino de conversión.
Necesita
más
vocaciones, darse a conocer, expansión, estar volviendo siempre a las fuentes, salir a
las calles, conversión, crecer, mayor unidad, hombres de fuego como lo quiere el P.
Félix. Necesita Misioneros enamorados de Cristo y de la Congregación, dispuestos a dar
la vida por construir un reino de paz, justicia y libertad.
algunos jóvenes desean ingresar a la Congregación:
porque el Señor
sigue llamando;
porque la propuesta
del seguimiento de Jesús Sacerdote y Víctima atrae, y no simplemente por innovadora o
diferente, sino porque llena, es trascendental, plenifica, enamora;
porque responde a
las actuales necesidades sociales y eclesiales;
porque la manera en
que ayudan en los procesos personales es muy humana, puntual, misericordiosa, paciente.
Les importa más ayudar al joven y después guiarlo a una decisión vocacional;
porque los jóvenes
sentimos que en esta Congregación podemos mostrarnos como somos y no adoptar caretas que
no son las nuestras;
- porque muestran un modelo de Iglesia distinto: no
clericalizada, más humana, cercana, alegre.
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P. Alfonso Alcalá Alvarado,
MSpS.
Lo que más me atrajo a la Congregación fue la figura de la comunidad de Misioneros del
Espíritu Santo en el Templo de la Merced, en la ciudad de Celaya (1936-1939). La
invitación expresa de uno de esos sacerdotes suscitó mi vocación.
Lo que me ayudó a responder fue la
intención de hacer ante todo la Voluntad de Dios. El espíritu de familia es lo que más
me gusta de mi vocación de Misionero del Espíritu Santo.
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P. Carlos Balandra Jara, MSpS.
Lo que me atrajo a la Congregación fue el espíritu de familia que encontré en la
comunidad de La Concha (en Puebla), cuando de pequeño formé parte de los
acólitos. Entre mi familia y la comunidad de Misioneros del Espíritu Santo había bonita
relación. Fue el espacio donde inicié mi proceso cristiano: Iglesia doméstica y Templo
expiatorio.
Me ayudó a responder a la llamada el ambiente y los formadores en
la Apostólica, la devoción a María y la gracia de Dios.
Lo que más me gusta de mi vocación de Misionero del Espíritu
Santo es extender el Reinado del Espíritu Santo, sobre todo con el ministerio de la
confesión
y en el acompañamiento a los adolescentes y jóvenes en los distintos
grupos, movimientos, espacios donde he realizado esta misión.
Creo que la misión congregacional tiene actualidad porque se va
dando al inicio de este milenio un surgir religioso-místico. La acción del Espíritu
Santo en los corazones pide impulso, acompañamiento, testimonio, dirección espiritual.
Una tarea urgente es orar por los sacerdotes y ofrecer servicios en las líneas de
formación permanente y acompañamiento.

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P. Gerardo Albarrán Wario,
MSpS.
Las figuras religiosas realmente sorprendentes de Nuestros Padres
Fundadores fue lo que me atrajo a la Congregación. Tanto Concepción Cabrera de Armida
(laica), como el P. Félix de Jesús (sacerdote), ambos totalmente invadidos por Dios; la
correspondencia entregando sus vidas por las cinco Obras de la Cruz.
Descubrí que Dios me llamaba cuando me di cuenta de que las
criaturas no saciaban mi sed de amar, y se me presentó la posibilidad de amar a Dios,
correspondiendo a su gran amor por mí manifestado en Cristo.
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P. Ismael Gómez Gordillo
Morales, MSpS.
Lo que me atrajo a la Congregación fue la gente que conocí desde los 10 años en que
entré en contacto con la Escuela Apostólica (Seminario menor de los MSpS):
gente sencilla y alegre (mientras que
en mi colegio: competitiva)
gente que quería ayudar a otros (en mi
colegio: egoístas)
gente que amaba a Dios y a María (en
eso igual a mi colegio)
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P. Xavier Zavalveytia Aceves,
MSpS.
Lo que me atrajo a la Congregación fue la manera de celebrar la
Eucaristía y la forma de confesar (dirección espiritual).
Siendo un adolescente, con frecuencia iba al Templo de San Felipe de
Jesús y allí me confesaba con el P. José Ibarrola Grande; él me invitó a que fuera su
dirigido y empecé con él una amistad, me enseñó a orar y a dirigirme a Jesús
sacramentado; me regaló un libro de Conchita: Ven,
Espíritu Santo. Empecé a conocer, amar e invocar al Espíritu Santo. Eso marcó
mi vida, un amor muy grande al Espíritu Santo y a Jesús.
Lo que me gusta de mi vocación de Misionero del Espíritu Santo es
que cada día me llama el Señor a transformarme en Él; ser hijo obediente y fiel al
Padre celestial, experimentando su misericordia y bondad. Soy feliz evangelizando, pues
siento que la gran comisión que Cristo Jesús nos dio es ésta: «Vayan por todo el
mundo
» y eso me realiza plenamente. También me llena de entusiasmo celebrar la
Eucaristía, saber que Jesús se hace presente por su Palabra y su Cuerpo que salva,
libera, sana, alimenta; y cuando confieso, hacer presente a mis hermanos los hombres, su
misericordia, compasión y perdón.
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P. Rafael Vera Gállego, MSpS.
Supe que Dios me llamaba...
cuando empezó a llenar mi corazón de felicidad y de
alegría.
cuando fui descubriendo que ser sacerdote era la profesión más importante
y más bonita que existía.
cuando, después de 13 años, mi corazón sigue vibrando,
como la primera vez, cuando hablo de Él; cuando celebro la Eucaristía; cuando perdono
los pecados; cuando intento compartir mi experiencia de su amor y lo consigo.
Sí, siento que Dios me llamaba porque desde que decidí seguirle
siempre me he sentido feliz y contento a pesar de los problemas y cosas que muchas veces
no entiendo por mis grandes y múltiples limitaciones.
Que Dios te llama, se siente dentro cuando sigues lo que
verdaderamente te gusta hacer; cuando escuchas lo que realmente hay dentro de ti sin
engañarte; cuando empiezas a unir los diferentes signos que Dios te va dando.
Cuando Dios se fija en ti y pone sobre ti su mirada, es muy difícil
decirle no, aunque se puede. Yo, gracias a Dios, tomé el camino más fácil:
decirle sí, y no me he arrepentido.

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