Ya ha pasado un año de la celebración de nuestros Capítulos General y Provinciales. El
documento capitular nos invitaba a «que llevemos a la vida las disposiciones del
Capítulo y así todo el sexenio sea un Pentecostés continuado». Es el momento de hacer
un alto en el camino para evaluar y revisar las encomiendas recibidas, y seguir mirando al
futuro con esperanza y "Pour construire".
Como Curia General, somos ante todo una
comunidad de Misioneros del Espíritu Santo. Por tanto iniciamos nuestra evaluación a la
luz del objetivo comunitario:
"Desde el seguimiento radical de Cristo Sacerdote y
Víctima
construir una comunidad contemplativa y solidaria
que sea en nuestra vida el centro afectivo y efectivo;
donde podamos discernir la vida y el trabajo
y vivamos dedicados a la misión de animar a la Congregación,
en sensibilidad al mundo que nos rodea".
Constatamos con alegría y gratitud al
Señor que hemos ido creciendo en integración comunitaria, compartiendo nuestra vida y
nuestra experiencia como religiosos; nos sentimos en actitud de reflexión y
discernimiento. La comunidad, cada persona en concreto, es verdaderamente el centro
afectivo y efectivo de nuestra vida.
Quisimos subrayar de modo particular
algunos aspectos que necesitamos atender con mayor cuidado: la preparación y realización
del retiro comunitario (nos rotaremos para animarlo), los ejercicios espirituales (ya
pusimos fecha para enero del 2000), el compartir nuestra experiencia de Dios (los domingos
en la oración de 8 a 9 de la noche).
Vino enseguida la revisión de nuestra
animación como Consejo General. Las últimas frases del objetivo comunitario nos pusieron
en esa dimensión y, al mismo tiempo, nos iluminó el Plan Congregacional 1998-2004 y el
Proyecto de animación de la Curia General.
Nos sentimos dedicados de tiempo completo a
este servicio de animación como trabajo prioritario, realizándolo en equipo y con un
proyecto común. Hemos buscado favorecer la unidad en la Congregación y procurado la
cercanía e interés por nuestros hermanos y comunidades. Hemos querido impulsar la
formación básica y permanente. Ha estado muy presente en nuestras reflexiones y acciones
la dimensión sacerdotal de nuestra Espiritualidad. Hemos promovido acciones concretas con
toda la Familia de la Cruz, priorizando la animación de la Obra de la Cruz. Hemos
participado en diversas instancias eclesiales y de vida religiosa que nos abren a
horizontes más amplios, y nos permiten proyectar toda esa experiencia a la realidad de la
Congregación.
También reelaboramos el Proyecto de
animación de la Curia General para el 1999-2000, con acciones concretas que ya hemos
comenzado a preparar o realizar.
En estos días de reflexión, evaluación y
planeación, hemos tenido presente a cada uno de ustedes, hermanos nuestros, a la
Congregación entera que llevamos en el corazón, que deseamos animar y por quien queremos
llevar a la práctica el ideal de Nuestro Padre en las Constituciones: «Tendrán en poco
su vida, su honor, su salud, con tal de mantener, por su ejemplo y por sus palabras, la
exacta observancia y el genuino espíritu de la Congregación: espíritu de amor, y de
sacrificio, y se tendrán por felices si por esa causa tan hermosa tienen algo que
sufrir» (C 212).
Sigamos unidos, fortaleciendo nuestro
espíritu de familia y el sentido de cuerpo (cf XIII CG 9), colaborando con todas nuestras
fuerzas en la construcción del edificio congregacional, y llevando a la vida diaria las
orientaciones de nuestros Capítulos.
Jorge Ortiz González, M.Sp.S.
Superior General