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Los Cardenales de la Iglesia Católica

Carlos Fco. Vera Soto, MSpS

 
Recientemente, el Papa Juan Pablo II ha creado 44 nuevos Cardenales para el servicio de la Iglesia. Los nuevos Purpurados proceden de varias partes del mundo reflejando la universalidad de Iglesia. Me parece conveniente aclarar cual es la función de los Cardenales y como se originaron en la historia.

Los Cardenales, en los primeros tiempos del cristianismo, eran aquellos prelados a los que se encargaba servir a las principales iglesias de la ciudad de Roma.  Desde que comenzó a haber Cardenales, estos eran escogidos de entre los Diáconos, Presbíteros u Obispos; de ahí que esta dignidad eclesiástica está dividida en esos tres órdenes. Fue hasta el pontificado de Juan XXIII que entró el uso de conferir el episcopado a todos los Cardenales independientemente del orden al que pertenecieren.

El número de Cardenales ha variado a lo largo de la historia; durante el Medioevo fueron entre 40 o 54, pero en 1586, Sixto V fijó el número en 70, en recuerdo de los 70 ancianos del antiguo Israel y de los 70 discípulos del Señor Jesús. Este número no se modificó hasta que el Papa Paulo VI dispuso que fueran 120; ahora, Su Santidad Juan Pablo II, con este nuevo nombramiento de Cardenales ha elevado el número de los electores a 135, aumentando así el número de países de los que se compone el Colegio Cardenalicio. Es la primera vez en la historia que hay tal cantidad de Cardenales electores: 135.

Desde sus orígenes, la dignidad cardenalicia ha sido siempre grande, pero creció cuando Nicolás II (1059) y Alejandro III (1179) reservaron para los Cardenales el gobierno de la Iglesia durante la Sede Vacante, o sea el tiempo que va desde la muerte de un Papa a la elección de uno nuevo, y la propia elección papal. Con León X mediante una Bula en 1514 (Supernae), es proclamado el derecho de precedencia de los Cardenales por encima de cualquier otra dignidad en la Iglesia. A la dignidad Cardenalicia se conceden los siguientes derechos y privilegios; sólo pueden ser juzgados o depuestos por un tribunal reservado al Papa (Privilegium fori), sólo los Cardenales pueden ser enviados especiales del Papa en las ocasiones más solemnes (legatum a latere). Forman el Senado del Papa. Conviene aclarar que la dignidad cardenalicia es eso, una dignidad al servicio de la Iglesia, no es un sacramento que imprima carácter; no es una “ordenación.”

Los Cardenales constituyen dentro de la Iglesia un particular Colegio, al cual le corresponde realizar la elección del Romano Pontífice. Además, los Cardenales asisten al Santo Padre ya sea actuando colegialmente cuando son convocados para tratar los asuntos de la mayor importancia, o ya sea individualmente en los diferentes oficios llevados a cabo por ellos en las tareas realizadas por encargo del Romano Pontífice, sobre todo en el  cuidado cotidiano de la Iglesia  Universal. El Consistorio es el nombre que se da a la reunión de Cardenales que trabajando colegialmente y por orden del Papa y bajo se presidencia tratan los asuntos más importantes de la Iglesia. Estos Consistorios pueden ser Ordinarios, en donde son convocados especialmente los Cardenales que se encuentran en Roma, para ser consultados en cuestiones graves, y los Extraordinarios que se han de celebrar cuando las necesidades particulares de la Iglesia así lo requieran; para esta reunión vienen convocados todos los Cardenales de la Iglesia y reviste gran solemnidad. El Consistorio Público es sólo Ordinario, en aquellos que además de los Cardenales, pueden ser admitidos algunos Prelados, enviados Diplomáticos u otras personas que hayan recibido invitación para asistir.

Los Cardenales son escogidos por libre elección del Santo Padre; generalmente ésta recae en personas que son al menos Presbíteros,  (antiguamente podían ser escogidos también entre los laicos) eminentes por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en el obrar. No se hace distinción de raza o nacionalidad. Los criterios para la creación de un Cardenal son: Un reconocimiento público de los méritos alcanzados al servicio de la Iglesia; la exaltación de la catolicidad y unicidad de la Iglesia y una representación más amplia de todas la naciones

La insignia de los Cardenales es el color púrpura; de ahí que sean llamados “Purpurados”, el solideo rojo y el birrete (o sombrero), las dos cosas juntas son llamadas “capelo cardenalicio” y son los signos de su dignidad. Se les da el título de “Eminencia”.

Los Cardenales vienen creados con un decreto del Papa, que se hace público dentro del Colegio Cardenalicio. Por alguna situación especial, el Papa puede crear un Cardenal y reservarse el nombre del agraciado “in pectore”, es decir en secreto.

Preside el Colegio Cardenalicio el Decano, generalmente el más anciano que debe ser considerado el primero entre iguales; debe haber también un Cardenal Vicedecano. Estos dos, por razones obvias, están obligados a vivir en Roma. Sólo están obligados, aparte de los dos anteriores, a residir en Roma, aquellos Cardenales que se les encomienda una tarea que así lo requiera; se excluye de esta obligación a los Cardenales que son Obispos Diocesanos; éstos deberán acudir a Roma todas la veces que sean convocados por el Papa.

La organización de la Curia Romana, que es el conjunto de Dicasterios, Secretarías, Consejos, Congregaciones, Tribunales e Institutos para el gobierno de la Iglesia Universal, pide la presencia de varios Cardenales ya que éstos tienen como deber colaborar efectivamente en el gobierno de la Iglesia y, al igual que los Obispos en sus Diócesis, al cumplir los 75 años de edad, están invitados a presentar su dimisión al oficio curial..

Una de las tareas sin duda más importantes y graves para los Cardenales es la elección del Sumo Pontífice. A la muerte de un Papa,  se declara la Sede Vacante y el Decano del Colegio Cardenalicio convoca al Cónclave para la elección del nuevo Papa, que deberá realizarse  en el Vaticano, en la casa llamada de Santa Marta. Nadie ajeno al Cónclave tiene acceso. La elección se desarrolla en medio de una gran solemnidad, se jura guardar secreto sobre la reunión, con un aislamiento total para evitar cualquier influjo del exterior, lo que incluye teléfono, fax, correo normal o electrónico; votan todos los Cardenales presentes al Cónclave. Las leyes que actualmente rigen le elección del Romano Pontífice están contenidas en la Constitución Apostólica llamada Universi Dominici Gregis,  de Juan Pablo II dada el 11 de abril de 1996 y ahí se  especifica que los Cardenales que tengan 80 años o más, deberán quedar excluidos del Cónclave. Una vez realizada la elección papal, es privilegio del Cardenal Proto Diácono anunciar al mundo la alegre y solemne noticia: “Habemus papam” y  dar el nombre del recién elegido.

En nuestro país, el primer nombramiento de Cardenal recayó en el entonces Arzobispo de Guadalajara Mons. José Garibi y Rivera. Actualmente México cuenta con cuatro Cardenales: Mons. Ernesto Corripio Ahumada, Arzobispo Emérito de México, Mons. Juan Sandoval, Arzobispo de Guadalajara, Mons. Adolfo Suárez, Arzobispo de Monterrey y Mons. Norberto Rivera, actual Arzobispo de México.

No obstante la alta dignidad de los Cardenales, todos los cargos en la Iglesia de Jesucristo deben entenderse y vivirse como un servicio a la misma. Lejos estamos ya del Renacimiento, en donde se dieron muchos y lamentables excesos. Hoy, releemos con ojos nuevos las palabras de Jesús en su Evangelio:

”En aquel tiempo, surgió una discusión entre los discípulos sobre quien de ellos podía ser considerado como el más grande. Jesús les dijo entonces: “Los reyes de las naciones, los que las   gobiernan, las extorsionan y los que tienen el poder sobro ellas, se hacen llamar benefactores. Pero entre vosotros, que no sea así: el que sea el más grande entre vosotros que sea el más pequeño y el que gobierna que sea servidor. En efecto ¿quién es más grande, quien está sentado a la mesa o el que sirve?. ¿No lo es quizá  quien está sentado a la mesa? Sin embrago yo estoy entre vosotros como aquel que sirve.” (Lc 22, 24-29)

Es verdad, hoy la Iglesia no necesita príncipes sino pastores que nos transparenten el amor del Buen Pastor  que da la vida por sus ovejas.

El actual Colegio Cardenalicio:

Número de Cardenales = 185
Electores = 135
Mayores de 80 años = 50
El más joven = 55 años (Vimko Puliic)
El más anciano = 90 años (Corrado Bafile).

División geográfica de los Cardenales electores:

África = 13
América = 40 (Estados Unidos = 11, Canadá = 2, América Latina = 27).
Asia = 13
Europa = 65 (Italia = 24).
Oceanía = 4

 

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