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P. Ismael Gómez Gordillo Morales, MSpS.
El 11 marzo el Zócalo de la Ciudad de México se convirtió en un signo de los tiempos que hay que asimilar: unas 200 mil personas (¿más?¿menos?) se apretujaron en torno a los representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional- EZLN, como final de su caravana emprendida desde Chiapas por varios Estados de la República. Después han sucedido más y más eventos, que son historia inconclusa aún. Yo propongo aquí captar al controvertido subcomandante MARCOS, en ese momento y contextualizarlo, o, lo que es lo mismo, captar el marco vital de esta historia, fibra de nuestra historia nacional ¿y mundial?. Estructuremos un diálogo con cuatro, como un marco de cuatro lados: el que ve desde arriba, el que sostiene desde abajo, el de la derecha y el de la izquierda. Piensan distinto. Imaginemos el rostro de Marcos en el centro, con pasamontañas, pipa y suficiente expresividad en los ojos y movimientos de cabeza que denoten asentimiento o extrañeza. Aquí él no hablará ya ha hablado bastante en esta guerra de palabras como destacan algunos. Hablemos nosotros de él, de ellos. El marco INFERIOR, que sostiene este rostro es el hecho significativo del año nuevo 1994: ser anti-signo del triunfante inicio del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, que nos debía introducir al primer mundo. En su rostro cubierto los Zapatistas querían mostrar lo escondido y no esconder obvio: una vez más, el olvido despectivo del universo indígena. Mientras oficialmente se mostraba al mundo un radiante rostro de México preparado a competir en la escalada de la prometedora abundancia neoliberal económica comercial, Marcos revelaba, con su rostro cubierto, de palabra incisiva y mirada desafiante, entre otros rostros cubiertos, de silencio que gritaba y mirada triste, el otro rostro de México, el indigente, ignorante, vergonzoso, marginado, desconocido como actor, intimidado y pauperizado durante 10 generaciones. Después de siete años de gestación amedrentada, en el Zócalo de la Capital, ese rostro apareció agigantado, más allá de lo que él mismo había previsto, observado por todo el mundo, gracias a la globalización excepto por la televisión nacional, que no tuvo medios ni interés para captar su significado inmediato. ¿JESÚS DE NAZARETH qué diría al respecto? Quizá se llenaría del gozo en el Espíritu Santo y proclamaría gracias te doy, Padre del cielo y de la tierra, porque estos infelices, según el mundo, y desleídos, están en la bienaventuranza (buena aventura) del camino del Reino de los cielos: son pobres, lloran, son mansos que no buscan poder, son perseguidos del color de la tierra por la justicia terrateniente (ver el Evangelio de San Mateo capítulo 5 y el de San Lucas capítulo 10, versículo 21). El marco SUPERIOR de este cuado que ve a Marcos desde arriba, se le echa encima y quisiera aplastarlo, ignorarlo, minimizarlo, desaparecerlo. Pero resulta con ello más evidente su mensaje. De pobre diablo lo calificó un rico obispo que construyó su magnífica catedral en tiempo record; insignificante, escuché a otro decir, explicando el hecho al nuevo Nuncio Apostólico; buscador de protagonismo barato, me comentó un miembro de la alianza por del cambio; por qué nos viene a complicar el tránsito, me decía una señora acomodada ese domingo; ¡nuestros trapitos sucios a la vista del mundo! exclamaría indignada mi madre, si viviera. Este lado superior del signo Marcos pretende descalificar al hombre (argumentum ad hominem decían los lógicos aprendices de griegos). Y yo aprobé mi examen de lógica en mis estudios de filosofía racional, por mostrar que esos argumentos no valen, porque no llegan al meollo del argumento, a la verdad, sino que pretenden encubrir su filo porque duele. Es como si alguien señalara con la mano un huracán, y nos pusiéramos a discutir sobre si el dedo está bien extendido y la mano es bella o deforme, con las uñas bien cortadas, limpias o sucias. Marcos también ha usado de estos argumentos con políticos: firulais al de Querétaro, reyecillo al Senador de faz cubierta también, pero naturalmente, por su barba maximiliana. A uno y a otros les podemos señalar que la caricatura es periférica a la verdad, aunque señale un rumbo a ella. ¿JESÚS MAESTRO que diría hoy, aquí?
Quizá señalaría si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas
licenciados- y fariseos piadosos- no entraréis en el El marco de LA DERECHA es el técnico formal, que exige ser derechos en medio de un Congreso de la República que tiene una tradición larga de endechos (o vericuetos) que clama reforma constitucional, entorpecida por fuerzas enmascaradas dispuestas a la sangre, que denuncian la máscara empipada de quien está dispuesto a morir por su verdad, y sigue rebelde a componendas. Quien aquí se ubique nos explicará que la verdad es mucho más complicada de lo que aparece para preservar la ley. Una persona muy querida me dijo: ¿qué en la Iglesia no hay quien autorice o desautorice que esta gente se quede en los templos? Yo le contesté irresponsablemente: sí, el Evangelio. Me imagino que aquí JESÚS PROFETA DIRÍA algo así como ¡ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, pero descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había de practicar, aunque sin descuidar aquello (Mateo 23, versículo 23). El marco de la IZQUIERDA es el que ve burro y se le ofrece viaje, cargando a la caravana zapatista (por Emiliano Zapata, no por su calzado), todas sus frustraciones socialistas de una buena vez. El subcomandante de la pipa, en medio de su mística política poética ha delimitado su causa: el reconocimiento de los derechos de los indígenas con una paz justa y duradera. Comparó él mismo esa marcha desde Chiapas a un hombre de cabeza pequeñita, a quien le fueron creciendo los pies y los zapatos enormes (no muy zapatistas), hasta deformar la causa. El marco izquierdo quiere aprovechar desde protestar por los horribles baches de su calle, hasta un gobierno de camaradas marxistas trasnochados, globalofóbicos o itálicos de blanco con buenas intenciones y malos tratos que toman su avión cuando la fiesta viene a menos. JESÚS HIJO DE HOMBRE, me imagino, diría quizá: tengo hambre, dame de comer; tengo sed, dame de beber; soy forastero, hospédame; tengo frío, cúbreme; estoy siendo despojado, defiéndeme; enfermo, visítame porque mi Reino no es de este mundo de cultura para la muerte que quita la vida a cuantos puede a favor de unos cuantos, sino es cultura de vida, dispuesta más a dar la vida por el necesitado, que hablar sin fin de si conviene hablar o no (Fuera del texto de Mateo 25, no tengo otra referencia que Jesús en la cruz, en el sepulcro y ¡el día de la Resurrección!). Y TÚ ¿QUÉ PIENSAS, CUADRÓFILO? me dirán algunas personas, con saña o con cariño. Yo he elaborado un decálogo transitorio personal que te confío:
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