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. El Popocatépetl Don Goyo, para los cercanos echó fuego en diciembre y nos tuvo en ascuas en torno a la Navidad 2000, por esa paradoja compuesta de temor y espectáculo. Cada quien ha tenido, frente al fenómeno geológico, su visión e interpretación:
1. ¿QUÉ NOS PUEDE ENSEÑAR EL POPO VISTO POR LOS OJOS DE JESÚS? Ésta es la pregunta y, anticipadamente, te invito a una respuesta mística y poética convertida en plegaria. Si alguna de las anteriores te interesa, consulta el Internet y ahí dialoga con tu preferencia. EL VOLCÁN DE FUEGO es, ante todo, signo de VIDA. Habitamos un planeta vital, con fuerza cósmica de acción-reacción. Su energía liberadora de magma ardiente, de nivel de vida mineral según antigua designación nos hace pensar en la vitalidad de nuestro microcosmos corporal, en el que se mueven fuerzas articuladas por tejidos, sistemas musculares, óseos, nerviosos, sanguíneos y demás maravillas anatómicas, que a la vez son causa de admiración cuando las evidenciamos, y causa de temor cuando empieza su disfunción.
EL VOLCÁN ACTIVO nos evoca el que somos SERES HABITADOS. Jesús nos diría, quizá, elaborando una de sus parábolas: así como el volcán en erupción expulsa su fuego que denota la incandescencia interior, así la hija y el hijo de Dios deben expresar el fuego interior de amor con que han sido creados.
EL VOLCÁN TEMIBLE nos recuerda el SINAÍ de la Alianza de Yahveh-Dios con Israel. El libro del Éxodo, en la Biblia, nos habla del signo del «fuego» con frecuencia: el fuego de la zarza ardiente, inicio de la vocación de Moisés el liberador; el fuego de la columna de nube, que guiaba al pueblo en la oscuridad; el fuego de la montaña sagrada que hace pedir a los liberados: "Moisés, háblanos tú, porque el fuego del Señor nos da miedo".
EL VOLCÁN DESPIERTÓ JUNTO AL OTRO VOLCÁN DE «LA MUJER DORMIDA» (Iztaccíhuatl) nos invita a complementarnos como humanidad, hombre-mujer, en el nuevo panorama del siglo XXI. El Popocatépetl es «nieto milenario» de otros volcanes que lo gestaron, y está dicen los expertos dando paso a otro volcán, con distinta forma, ya que su perfil secular de cráter y composición se va transformando. Quiero ver ahí subjetiva y forzadamente una invitación a transformar el machismo cultural en sereno acompañamiento hombre-mujer con la tarea de dar paz, nieves generadoras de agua purificada, tierras fértiles en sus faldas a un nuevo México, después de sus explosiones autoritaristas que auguramos empiecen a modificarse después del 2 de julio del 2000. Todo puede suceder y el hijo volcánico del Goyo que muere, puede que sea más temible que su padre.
EL VOLCÁN NOS LLENÓ DE CENIZA a muchos kilómetros a la redonda y llenó también nuestros televisores de datos, preciosos o superfluos según las emisoras de radio y televisión. Éste fue un mensaje análogo a la Cuaresma católica, que empieza con un miércoles de ceniza que nos recuerda "polvo eres y en polvo te has de convertir". No ha sido una ceniza cualquiera, la del volcán; ha sido una arenilla ante la que hay que cuidarse para que no haga daño a los ojos, a la garganta, a los automóviles Signo puede ser, para nosotros, de nuestra fragilidad y pequeñez frente a la magnitud de la creación y los riesgos de sus leyes físico-químicas. Jesús no las ignora y nos provee el ánimo con la «alerta» permanente, que se genera con la «fe»: el justo vivirá de fe es la sentencia.
2. CADENA DE VOLCANES Con ocasión del Popocatépetl en erupción, hemos sido conscientes de que estamos rodeados, en una amplia extensión de nuestro país, de volcanes en cadena: nervaduras internas los comunican en su riqueza y en su amenaza. De nuevo, ante esta conciencia renovada, podemos dejarnos llevar de sugerencias a favor de nuestro futuro local y mundial. La historia humana, con sus megatendencias actuales, se nos presenta rodeada de volcanes que son a la vez maravillosos y temibles. El siglo XXI se avizora con retos y desafíos que forman parte de la paradoja humana:
Yo te selecciono aquí nuestros «volcanes eclesiales», dejando para otros señalar los «volcanes económicos» o los «volcanes políticos» del siglo XXI. Religiosidad «light»: es un volcán calladito, con música ecologista y suaves sugerencias que disuelve en las lagunas de su cráter el compromiso con el prójimo desvalido, por no quererse meter en líos. Puede estallar disolviendo a Cristo de nuestras vidas y dejándolas sin sentido, "a gusto sin Dios" y en un mar de fondo en el que el pez grande que se come al pequeño, pero sin pelea, con paz de un solo trago.
Religiosidad de «cristiandad»: que es aquélla en que volvemos a ser piramidales en nuestra relación, con gente de primera, de segunda y de tercera; con los buenos arriba y los malos abajo; con la consigna de que "el error no tiene derecho" y la inquisición desatada. Es un volcán altivo, siempre con temblores aledaños y amenazas de «iluminados», de organización uniforme y actitud miliciana.
Religiosidad «patriarcal»: en que los varones se sienten los dueños de las iglesias y relegan a las mujeres a servidumbre, descarada o disfrazada. Es un volcán que tiene ya varias fisuras que echan vapores tóxicos que pueden dañar a todos, varones y mujeres.
Religiosidad «del desorden establecido»: que E. Mounier denuncia cuando se confunde con la paz y resulta ser chantaje social basado en alianzas secretas, corrupciones disfrazadas, prepotencia pseudo-jurídica, temor de perder el poder. Es un volcán que tiene que ver mucho con el poder económico.
Religiosidad «fanática»: que es la que se exaspera porque las cosas no salen como quieren o imaginan, por lo cual dejan de pensar por sí solos/as y se atienen a líderes impositivos, generalmente violentos. Son varios volcanes activos, de distintos signos: de derechas o izquierdas; espiritualistas o materialistas.
3. CONCLUSIÓN No es malo estar rodeados de volcanes, geofísicos o psicorreligiosos. Lo que el Señor nos pide es estar «alertas», para acercarnos o alejarnos. Si nosotros nos damos cuenta de que formamos parte de configuraciones volcánicas, tenemos la posibilidad del Espíritu Santo de convertir ese caos potencial en cosmos productivos: de cristianos/as «light» en cristianos/as incondicionales del amor estilo Jesús; de creyentes con seguridades de «cristiandad», en volver a arriesgar en las fronteras de los marginados y excluidos, fruto de buena o mala voluntad; de varones engreídos y manipuladores, en respetuosos de la mujer y su corresponsabilidad social y eclesial; de católicos/as acomodados/as que se conforman con el «cumplimiento», a inquietas/os apóstoles que "sólo tienen lo que han dado" E. Mounier, sin buscar recompensas en metálico o en puestos de poder; de piadosos explosivos e intermitentes, en
orantes de la Palabra sin paréntesis ni soberbia. Regresar a Temas de reflexión
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