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LA COMUNIDAD SEGÚN EL P. FÉLIX

Fernando Torre Medina Mora, msps.
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En los escritos del P. Félix de Jesús Rougier encontramos muchas recomendaciones y sugerencias para la vida fraterna. Aunque están dirigidas a comunidades de Misioneros del Espíritu Santo, perfectamente se pueden aplicar a cualquier comunidad religiosa. Y haciendo las adaptaciones necesarias, esa doctrina puede ser también de gran utilidad para pequeñas comunidades de laicos o sacerdotes, para grupos juveniles e incluso para una familia.

Espíritu de familia

Para Félix de Jesús, la comunidad no es algo añadido o secundario en la vida cristiana: es un elemento esencial. Más que una simple convivencia pacífica o una colaboración pastoral, lo que él soñó para cada comunidad fue que viviera un auténtico espíritu de familia. Por eso, una de las tareas que asigna a quien tiene la misión de supervisar es «promover el espíritu de caridad y de unión entre todos los miembros del Instituto y ver si reina en nuestras casas el espíritu de familia».

Cada comunidad o Centro local debe estar en relación vital con toda la Obra. Por eso recomendaba: «Debéis tener […] un amor muy grande a vuestro Instituto y velar por su nombre con todo celo. Todo lo que a él atañe os debe interesar; sus alegrías serán las vuestras y sus penas también».

Actitudes para la vida fraterna

Caridad

La primera y la más importante actitud es la caridad. La vida fraterna en comunidad no se basa en simpatías sino en el amor teologal. Por eso Félix Rougier recomendaba:

Trabaje mucho también, y con todo su corazón, en no faltar nunca a la caridad. Es la virtud de las virtudes, porque es una virtud de amor… El primer mandamiento es de amor: Amarás a Dios, y el segundo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, es también de amor. Hay mucha caridad en la Congregación, pero siempre se puede aumentar».

Un aspecto concreto de la caridad fraterna es evitar las críticas. Esto dice al hablar sobre la mortificación de la lengua: «El Misionero del Espíritu Santo será ante todo caritativo. Huirá con diligencia de las más pequeñas detracciones y murmuraciones». Y nos invita a no juzgar o criticar jamás a ninguno de los hermanos.

Sencillez

Otra actitud que mucho favorece el trato fraterno es la sencillez. Así nos dice el P. Félix: «El Misionero no debe ser ni parecer falto de sencillez; debe presentarse con humildad y caridad […]. Será siempre muy afable, muy tratable y de una sencillez entera, teniendo horror a todo lo que huela a política, a falta de sinceridad. ¡Acuérdense siempre de la divina sencillez de Jesús!».

He aquí lo que el P. Félix pide en su oración: «Y sobre todo, Jesús, dales por regalo la divina sencillez. Hazlos sinceros, francos, sin doblez, rectos, ingenuos, clarísimos de conciencia. Que sean sencillos contigo, Jesús; confiados como de hijos a padre».

Pobreza

«Os encarezco con toda mi alma, el cuidado por la santa pobreza —decía Félix de Jesús—. Como nos lo enseña la historia, los Institutos o las Comunidades que se relajaron empezaron descuidando la pobreza. Y sin la pobreza, el alma del religioso es una plaza desmantelada a merced de todos los enemigos».

La pobreza nos abre al hermano, nos impulsa a compartir no sólo los bienes materiales sino, sobre todo, las riquezas espirituales: cualidades, capacidades, la experiencia de Dios…

Una consecuencia de la pobreza, en la vida de todo grupo, es asumir con paz las limitaciones de los demás. Aquí se aplica la opción preferencial por los pobres: tener un amor preferencial por el hermano más débil, menos simpático, con menos cualidades; por el más enfermo o de mayor edad. ¿No es esto amar como Jesús amó?

Por otra parte, deberíamos tener gratitud para con nuestros hermanos de comunidad, pues ellos tienen que soportar con paciencia nuestros defectos y limitaciones.

Amabilidad

Para la vida de comunidad y para el trato con todos, una de las actitudes que frecuentemente recomendaba el P. Félix era la amabilidad. «El Misionero del Espíritu Santo recibirá a todos con amabilidad seria […]. El Misionero, como Jesús, deberá ganar los corazones, y un exterior seco y poco amable aleja a todos».

Una característica de la amabilidad, como aparece en el texto arriba citado, es que sea seria. Pero esta seriedad debe ir acompañada por otra cualidad: la amabilidad tiene que ser atractiva. Así era la amabilidad de Félix de Jesús: seria y atractiva; así ha de ser nuestra amabilidad para con los miembros de nuestro grupo o comunidad.

Esfuerzo

La vida comunitaria no es —como alguno la ha considerado— una penitencia. Por el contrario, para Félix de Jesús la comunidad es una gracia, un lugar de paz y gozo. Sin embargo, la armonía comunitaria no es fruto de la casualidad; para construirla se requiere esfuerzo, constancia, capacidad de renuncia y de perdón. Aplicadas a la vida de un grupo, cuánta luz arrojan estas palabras:

Que cada uno pida para sí sin cesar, y para cada miembro de la Congregación (desde los apostólicos) el don de fortaleza.

Que empiece por practicar, día a día, las virtudes de los HOMBRES DE CARÁCTER, los esforzados, con las otras virtudes que forman su corte, y sin las cuales su acción sería nula:

La magnanimidad, o grandeza de alma – la confianza – la paciencia – la longanimidad – la constancia – la perseverancia. ¡Cuántos heroísmos suponen esas grandes virtudes!

Recomendaciones prácticas

En sus cartas y en otros escritos es muy común que el P. Félix haga una lista de frases cortas. Es un estilo pedagógico, pues en lugar de largos párrafos escribe enunciados breves, que son como disparos certeros.

En 1936 dirige una carta a la comunidad de Roma; la titula Pequeños sacrificios al alcance de todos. Varios de esos sacrificios tienen una relación directa con la vida fraterna. Veamos algunos:

  • Detener una palabra que pueda herir, o tan sólo apenar a alguno.

  • Tratar con mayor amabilidad, si nos es posible, a los que nos simpatizan menos.

  • No interrumpir la conversación porque nos parezca sin ningún interés; menos con esas impresiones que pueden resfriar la caridad.

  • Prestar siempre atención a lo que nos platiquen: es de buena educación.

  • Mostrarse ecuánime con todos aun en medio de las penas personales que se tengan.

En su escrito titulado «Mi nunca y mi siempre», publicado en la revista La Cruz (de abril de 1922), da algunos consejos prácticos.

  • Nunca pensar mal de nadie.

  • Nunca quejarme ni disgustarme.

  • Nunca alabarme ni obrar por respetos humanos.

  • Nunca meterme en lo que no me toca.

  • Nunca transigir con mis defectos e imperfecciones.

  • Siempre ver a Jesús en mis hermanos.

  • Siempre alegre y servicial con todos.

  • Siempre procurar pasar desapercibido.

  • Siempre procurar servir y no ser servido.

  • Siempre hablar bien del ausente.

  • Siempre estudiar las buenas cualidades de mis hermanos.

Si en nuestro grupo o comunidad siguiéramos hoy estos consejos, la convivencia fraterna sería una delicia.

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