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Ismael
Gómez Gordillo M., M.Sp.S. . En Sydney se llevaron a
cabo las OLIMPIADAS del 2000, fiesta de paz, de multicultura, de esfuerzos agónicos, de
belleza y creatividad, de ilusiones y desilusiones, de colorido, mar y jueces implacables,
que dieron al mes de septiembre una tónica mundial de alegría y variedad. Día a día aparecieron en nuestros periódicos portadas a todo espacio
y color, destacando esos aspectos y, especialmente, los héroes y heroínas del momento.
En televisión el trabajo fue, prácticamente, de veinticuatro horas sobre veinticuatro. De nuevo quedaron en evidencia las diferencias de atletas y sus
países, sea en el número de medallas de unos y la ausencia absoluta en otros, sea en la
valoración que se da al deporte en el norte y en el sur del planeta. Yo no voy a repasar aquí a «los protagonistas», sino que
según he asumido hacer a través de estos artículos quiero mirarlos y
mirarnos a través de Cristo Jesús, el rostro más divino del Hombre y el rostro
más humano de Dios, hermosa expresión del documento «La Iglesia en América». Desde un ángulo de vista mexicano, quiero señalar unos rasgos de esta
tradición que nos llega del Olimpo griego, cuya enseñanza puede ayudarnos a dar el paso
definitivo al siglo XXI a la vez con realismo y con esperanza. DE LAS OLIMPIADAS A LAS ¡Oh-LIMPIADAS! Las justas del Olimpo, celebración de la paz mundial con sus cinco
aros diversos y semejantes, nos sirven para «limpiar» la propia paz nacional, civil y
religiosa. Por eso podemos aprovechar ese maravilloso evento mundial, para mejorar
proyectos de casa en torno a la paz, especialmente en torno a la Navidad, en que
celebramos a Jesús como príncipe de la paz haciéndonos eco del
profeta Isaías, capítulo 11. Primera «limpiada» Las jornadas olímpicas nos limpiaron el orgullo mexicano,
hasta dejarlo en la humildad más grande: nuestro 3-2-1 fue al revés de lo esperado, ya
que 3 de bronce, 2 de plata y 1 de oro, encabezada por nuestra heróica Soraya, pesista,
no es para que nos pavoneemos de orgullo. Podríamos decir que nuestros héroes
deportistas son individuales, no corporativos: su esfuerzo personal, tanto de los
medallistas como de los demás participantes, logró algo casi «a pesar de» la
organización nacional presidida por el eterno Vázquez Raña. No tenemos cultura
deportiva, sino de entretenimiento, de diversión, por más que estemos de lleno en la era
del «homo ludicus», el Hombre que juega, con sus ventajas y desventajas. Solemos compararnos con nuestros vecinos del sur tal país no
sacó ni una medalla pero la humildad nos llega cuando miramos al vecino del norte,
cerquita, cerquita en frontera, y lejos, lejos en resultados. Si miramos hacia adelante, esta limpieza o purificación del espíritu
de retador gallito mexicano nos da al menos una enseñanza notable: nuestro machismo ha de
transformarse en aprendizaje de esa mujercita fuertuda que nos indica la igualdad (y en
este caso superioridad) entre la mujer y el hombre mexicanos. Segunda «limpiada» Las jornadas de Sydney 2000 nos dan también una lección a la Iglesia:
nos limpian de nuestro capillismo y nos devuelven al ideal de
«catolicidad» que significa «universalidad». En las Olimpiadas convivieron, participaron y compitieron multitud de
hombres y mujeres de las más variadas culturas, con su mentalidad propia y sus
costumbres. No fue obstáculo la diversidad sino, al contrario, eso fue medio de asombro y
maravilla continua. La unidad la daba el cuerpo humano empeñado en el juego. Y era el
juego el que hacía sacar lo mejor de las/los atletas y capacidades, hasta límites
agónicos de esfuerzo personal. Yo quiero aquí hacer una alusión análoga explícita, de algo
totalmente diverso, pero en un aspecto semejante; nos lo permite el que han sido
contemporáneos los Juegos olímpicos y ese documento de la Santa Sede, sucursal
«Doctrina de la fe», firmado por el Cardenal Ratzinger llamado «Dominus Iesus»,
que se traduce por «El Señor Jesús». Yo propongo una interpretación que no sea
«capillista», sino «centrífuga».
Has de hacerlo más por tu alegría en tu sacrificada vida diaria
en que te muestras feliz, que por palabras bonitas o amenazantes desligadas de tu
conducta. Jesús mismo exclamó: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Quien
cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre; en otras
palabras: ésa es mi verdadera familia. En este pasaje evangélico (búscalo en san Marcos
capítulo 3 versículos 31 a 35), el escuchar la palabra de Jesús y ponerla en práctica
es el vínculo que puede unir a todas las naciones. Si le dices a Dios de corazón
Abbá (Papá), ya empezaste a ser de su familia. Nosotros los de corazón «católico» o universal, hemos de ser una
invitación ambulante para que muchas personas digan como de Jesús verdaderamente
éste/a es hijo/a de Dios, lo cual se manifiesta particularmente en la
«agonía» de la cruz diaria (asómate al evangelio según san Mateo, capítulo 27 verso
54, a ver qué te dice). Aquí el término «agonía» nos une a los/as atletas de Sydney:
no significa que estés a punto de morir, sino que estés dando toda tu vida en tu fe,
como las venas saltadas de Soraya al levantar tres veces su peso. Así deberíamos ser los
católicos: ir dando toda la vida con Cristo, la vida mental y la vida cordial, para
vincular a todos con el Señor de la historia. A mí las Olimpiadas me «limpian» la mirada y puedo ver a Dios en
todas las personas, especialmente en las de rostro deformado por injusticias, exclusiones,
discriminaciones, y me inspiran el afán de hermosear esos rostros a imagen y semejanza
de Jesús, el Hijo de Dios por excelencia, el salvador global
Tercera «limpiada» Éste fue un beneficio a mi persona que me ha «limpiado» el corazón
de intereses malsanos. Manuel Villarreal (Mac), nieto de mi hermana mayor, compitió en
las Olimpíadas de Sydney 2000, especialidad velero 470. Su actitud y la de Santiago, su
compañero de competencia, me potencian la esperanza para todo el siglo XXI. Ellos son
generosa gente de dinero. Pero en vez de prodigarlo en placeres vanos o en droga, tan
usuales en su medio, Mac decidió invertirse él mismo en competir a nivel mundial, como
signo de una actitud frente a la vida. Transcribo aquí lo que su papá escribió y nos
envió como final de esta aventura familiar olímpica: Como algunos sabrán terminaron en lugar 23 de 29
participantes. Mac y Santiago están muy satisfechos con
el resultado y su nivel de vela. Ellos saben que son los mas jóvenes de los
competidores Olímpicos (19 y 20 años) comparando con un promedio de 28 años, algunos
cerca de los 40. Ellos entrenaron 15 meses tiempo completo y
empezaron a velear el 470 en el verano de 1998. El promedio de experiencia del resto es 8
años. Así que considerando todo esto, su desempeño fue excelente y lo mejor es que
ellos así lo piensan y están muy satisfechos con su avance. Bienvenidos a su país. Los
felicito por muchas cosas. Uno por haber tenido un sueño, fijarse un
objetivo, hacer planes para lograrlo, ejecutar esos planes, y lograrlo. Se oye sencillo
pero ésta es una formula de éxito en la vida, y ustedes lo han hecho. Ahora son mejores
personas, más completos, con más madurez y con más sabiduría. Los felicito por haber sido capaces de
trabajar en equipo, de haber podido convivir ustedes dos tan intensamente durante todo
este tiempo (desde el verano de 1997), el trabajo en equipo es una gran virtud que hoy en
día es esencial en la vida en general, y muy importante en la vida profesional. Los felicito por la disciplina y
persistencia que mostraron en sus entrenamientos, supieron sacrificar otras cosas para
lograr su objetivo, y así es la vida, cuando uno escoge un camino, renuncia a muchos
otros. Suena tonto pero no todo mundo lo entiende. Los felicito porque han conocido otro
mundo, nuevas amistades, nuevos lugares, han sabido comportarse viviendo solos, y saben
vivir en familia con gusto y en armonía. Los felicito porque ahora son de los
mejores veleristas del mundo, lo que lograron en tan corto tiempo es excelente. Sus amigos
de vela me dicen, these guys are really good. Los felicito porque supieron escuchar y
aprender lo que Víctor, su entrenador, y sus compañeros Tom,Mark, Jenny y Bellinda
(medallas de oro en la Olimpiada) les enseñaron. Los felicito porque supieron controlar los
nervios y las emociones de estar participando en el evento más importante del mundo
representando a su país, lo cual es una gran responsabilidad. Bueno la lista sería interminable. Lo que
les digo es que sigan siendo así. Han ganado 15 meses de una intensa «educación» en la
vida, estoy seguro que esta experiencia les será muy positiva y útil en su vida. Ana, Jana, Martina, algunas otras personas
y yo simplemente los apoyamos en su proyecto, el resultado es suyo. En conclusión: Las Olimpiadas de Sydney, aparte del
espectáculo de una Australia tan multicultural, imaginativa, creativa, esforzada y
pacificante, nos pueden dar una «limpia» sin magia blanca o negra:
Preparemos las próximas Olimpiadas, que serán en la misma Grecia,
nuestra madre cultural, dentro de cuatro años, con el Espíritu de Cristo resucitado y
resucitador, comunión universal de la Humanidad en camino al abrazo global del Padre de
buenos y malos, justos e injustos, pecadores y santos. Regresar a Temas de reflexión
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