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¿ES BUENO DONAR ÓRGANOS? Dr. Ricardo Páez Moreno, MSpS. Quién puede dudar que donar órganos no sea un alto signo de solidaridad para quien más lo necesita. Como cristianos necesitamos aprender a compartir lo que somos y tenemos. El mismo Papa Juan Pablo II ha calificado de hecho noble y meritorio dar la propia sangre o un órgano propio a aquellos hermanos que tienen la necesidad de ellos y constituye un regalo hecho al Señor paciente, que en su pasión se ha dado en su totalidad y ha derramado su sangre para la salvación de los hombres.1 Pero cuidado, que hay que ser dóciles como corderos, pero astutos como las serpientes. Lo que escribo a continuación no es para fomentar la insolidaridad, sino para que desarrollemos nuestra capacidad crítica. Se trata de lo siguiente. En nuestro tan querido y sorprendente país, tenemos una novedad: ahora se nos quiere obligar por ley a que todos los mexicanos donemos nuestros órganos al morir, a menos que manifestemos lo contrario. ¿Por qué este afán en nuestro México de ponernos a la moda en la fachada, pero quedando el interior podrido? ¿No nos quedaría aquella idea del evangelio, limpios por fuera pero muertos por dentro? (Mt 23,25-27) Proponerse hacer una ley que obligue a donar órganos con el fin de reducir las grandes listas de espera, ¿qué sentido tiene si antes no se invierte en un sistema de salud mínimamente decoroso para la población mexicana? Aunque se diga que México cuenta con la infraestructura médica y científica para enfrentar esta iniciativa, se vuelve al mismo vicio de la política: hablar y hablar pero no demostrar con los hechos. Las estadísticas muestran cómo en 1996, el total de asegurados/as representaba apenas la tercera parte del total de la población económicamente activa y ocupada, y sólo el 16.7% de la población rural tenía acceso al sistema de seguridad social.2 Además, con la nueva ley de reforma del Seguro Social se busca que alcance la sanidad para todos, pero a costa de una reducción del paquete mínimo de servicios a prácticamente nada, a expensas de privatizar la medicina de tercer nivel para quien pueda pagarla.3 Pero eso sí, ya tendremos más órganos para donación Lo que habría que hacer es destinar más presupuesto a sanidad, a unidades de transplantes de órganos que requieren mucha infraestructura, y no al rescate bancario. Los problemas hay que solucionarlos de raíz, no a base de aspirinas. Profundicemos un poco más en el asunto:
El santo y seña de la medicina ha sido el principio de no dañar o de buscar el bien del paciente. Por medio de esta iniciativa de ley, ¿el cuerpo médico no se convierte en agente de daño para pacientes mal informados, y de privilegio para los pudientes? No olvidemos que una fuente enorme de daño es pasar sobre la dignidad del otro, y ésta tiene como uno de sus pilares el libre ejercicio de la capacidad de decisión bien informada. ¿La clase médica favorecerá al status quo que la ha engendrado o recuperará la estatura moral de su juramento hipocrático?: haré uno del régimen de vida para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto entender. Del daño y de la injusticia le preservaré Que estas consideraciones nos lleven a ser cada vez más críticamente solidarios, como Familia de la Cruz. _______ 1. Juan Pablo II., Discurso a la Asociación de Voluntarios Italianos de la sangre y donantes de órganos, en: Ecclesia 2186 (18 y 25 de agosto de 1984) 1004. 2. Cf. Situación de los derechos económicos, sociales y culturales en México. Resumen ejecutivo del Informe Alternativo, en: Rostros y Voces de la Sociedad Civil 15 (2000) 12-18. 3. Cf. Laurell, AC., La Reforma contra la salud y la seguridad social. ERA, México 1997, 88-94. 4. Cf. Kraus A, Transplantes y obligatoriedad, ¿es factible?, en La Jornada 10 de marzo del 2000. 5. Cf. Ibid. 6. Cf. Ver el número 6 de la revista The Hastings Center Report. Nov-Dec 1999, dedicado al tema de los transplantes de órganos.
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