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Giro veraniego
en Cristo-móvil
espacial

Ismael Gómez Gordillo M., M.Sp.S.

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Imaginémonos en una «nave espacial» tú y yo con Jesús resucitado, por lo que la declaramos un «Cristo-móvil» cibernético.

Vamos a dar un giro rápido alrededor del planeta Tierra, al final de este verano 2000.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡CERO! … y partimos desde «Cabo Vaticano Segundo» piloteados por el Espíritu Santo, bajo la mirada del Padre.

Nos elevamos suavemente (como la brisa del profeta Elías) y ante todo miramos la MULTITUD DE JÓVENES en Plaza San Pedro de Roma: miles y miles, con variedad de colores tanto de banderines como de piel. Tú comentas:

 — (Tú) Dicen que vinieron como dos millones de jóvenes de todas partes del mundo, Jesús ¿no te da gusto?

— (Yo) Cifras exageradas de los organizadores, pero sí son muchos: Juan Pablo II ha tenido mucho arrastre con ellos…

 Jesús, lacónico siempre, dice:

— (Jesús) Si quieren ser completamente felices, que vayan, vendan cuanto tienen, lo den a los pobres y me sigan.

— (Tú) Pero Jesús, eso fue con el “joven rico” de tu tiempo, que se volvió triste y te dejó plantado “porque tenía muchos bienes”…

— (Jesús) ¿No es lo mismo hoy…? Muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Nuestro buen sabor de vista se ha turbado con una nubecilla de realismo cristológico, y nos acordamos de tantos seminarios vacíos en Europa y tantos esfuerzos por “conseguir vocaciones” por todas partes… con resultados escasos. Pero nos animamos pensando “más vale pocos y buenos, que muchos y vividores: Él empezó con Doce y un fallido”.

Como nuestra nave es impulsada por energía nuclear, va muy rápido: pasamos ya por ESPAÑA y en ese momento percibimos por nuestros aparatos visualizadores una EXPLOSIÓN marca E.T.A., esa facción del país vasco que busca su independencia por medio del terrorismo, del asesinato a bocajarro, de coches robados cargados de dinamita…

— (Yo) ¡Qué barbaridad! Yo pensaba que eso ya había estado superado, y nos están informando en este “ordenador” (= computadora) que ha resurgido la violencia y al inicio de agosto cada día ha habido un asesinato significativo… ¡qué tristeza!

— (Tú) Y además han querido hacer un homenaje público en el Ayuntamiento de Markina a un etarra famoso al que le explotó lo que llevaba, con tres compañeros, en un coche ¡es el colmo: un homenaje al terrorismo!

— (Yo) Me parece que mientras más rica se vuelve España, más se separa de su fe robusta, que era su gloria.

— (Jesús) Muchos están pretendiendo servir a dos señores, a Dios y al dinero… Incluyendo a los que se dicen mis seguidores… Yo preferí morir a matar. “Caín, Caín ¿dónde está tu hermano Abel?”… —y se quedó mirando a San Sebastián, frontera con Francia.

— (Yo) En España son menos los que te siguen con fidelidad, pero me parecen más sinceros, más transpa­rentes, más fuertes, más misioneros, dispuestos a salir a la nueva evangelización por todo el mundo.

— (Tú) ¡Cómo se nota que trabajaste en España en tus juventudes, chico!

— (Jesús) Una Teresa de Ávila y un Juan de la Cruz posmodernos, o como esos primeros frailes misioneros de América, moverán los espíritus y el trigo superará a la cizaña.

Para entonces ya vamos cruzando el Atlántico y se ven las costas de ESTADOS UNIDOS. Yo comento:

— (Yo) Por ahí andan en ELECCIONES democráticas para Presidente. Es envidiable cómo hacen de la contienda una fiesta… aunque tan ostentosas que son un verdadero insulto a la pobreza mundial.

— (Tú) Parece que la era Clinton termina, a pesar de sus esfuerzos por Al Gore como sucesor. Yo no sé mucho de eso, pero veo que sacan en televisión mucho a Bush junior, que no es ningún jovencito.

— (Jesús) Dejad que los muertos entierren a sus muertos.

— (Yo) Jesús, amigo, ¿cómo dices eso de un país tan próspero y líder mundial de la economía, con tantos adelantos y proyectos globales?

— (Jesús) Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no medrará el Reino de los cielos.

— (Tú) No te entiendo, Jesús. A veces de tan simbólico te pasas… ¿Quieres decir que la justicia de los números, porcentajes, bolsas de valores, especula­ción de dinero, luchar contra los monopolios de Microsoft, el «american way of life» y todo eso que admiramos de los gringos, es algo muerto?

— (Jesús) Yo he enseñado a dar la vida, no a quitarla: ellos pretenden tener mucha vida pero a costa de mucha muerte… aunque no todos.

Nos quedamos callados, pensativos, mientras cambia el sentido de nuestras pantallas que ahora nos afocan a México. ¡Yujujúiiii! —exclamamos tú y yo.

— (Yo) Como ahí está la casa predilecta de tu Madre, Jesús, en Guadalupe, ¡no te nos vayas a poner pesimista! Ya ves que ya se han reconocido santos mexicanos y virtudes heroicas de otros, entre ellos de mi fundador tu Félix que te quería tanto y trabajó tanto por hacerte amar que añadió a su nombre el «de Jesús»: Félix de Jesús, inspirado por tu consentida Conchita Armida.

— (Jesús) México siempre fiel.

— (Tú) Yo respiro el perfume de tiempos nuevos, que quisieron esparcir por el periférico días antes de la elección de Fox para Presidente.

— (Yo) Sigue avanzando con fuerza el proyecto por una “transición pacífica” del sistema PRI al sistema FOX… changuitos, changuitos por que todo salga bien.

— (Jesús) El Reino de los cielos requiere esfuerzo, y sólo los esforzados entran por la puerta estrecha de la comunión y participación hacia la civilización del AMOR que yo vine a priorizar en la Tierra.

— (Yo) Así me gusta que hables, mi Jesús, poniéndote al día en el lenguaje… Estoy de acuerdo: todo va a depender no de un hombre, sino de entrarle a la colaboración, ahora que se ha abierto la posibilidad de proponer…

— (Jesús) Has hablado bien: haz eso y vivirás; estás cerca del Reino de los cielos.

— (Tú) Cómo que cerca ¿qué no nos has dicho que el reino de los cielos está “dentro” de nosotros?

— (Jesús) Sí, pero como una semilla que puede caer en el camino endurecido, y no pasa nada; que puede caer entre piedras, y tarde o temprano la esterilizan; que puede caer entre cardos y la sofocan. Esfuércense por aflojar la tierra, regarla asiduamente, podar lo seco, y, sobre todo, dejar actuar al Sembrador, mi Padre, para producir el 30, el 60 y el 100 por uno año con año.

— (Yo) Mucha parábola, mucha parábola. ¿Pero qué significa el camino endurecido, las piedras y los cardos?

— (Tú) Ay, pues yo entiendo que la tierra dura son los dinosaurios del PRI, las piedras son los del PRD que sacan lo de legalizar el aborto para neutralizar a Fox y su equipo; los cardos son gente como tú (dirigiéndose a mí), que a todo ponen objeciones y no están dispuestos a mover un dedo para quitar las cargas…

Jesús se ríe con gozo de Espíritu Santo por haber revelado el reino a la gente sencilla y a los de corazón de niño… Pero ni acepta ni rechaza la interpretación… Calla como ante Pilatos.

Entre tanto pasamos por el Océano Pacífico y nos acercamos a las fronteras de Rusia. En un punto vemos en nuestras pantallas el acontecimiento de hace poco por esta parte, en Murmansk, puerto desde donde han querido rescatar el submarino atómico Kursk.

— (Yo) Jesús ¿por qué no impediste que murieran esos hombres atrapados en lo profundo del mar?

— (Jesús) El que hace las preguntas soy yo ¿qué han hecho con estos hijos del Padre, aquellos que tenían la responsabilidad de evitarles el daño o salvarlos a tiempo? ¿Por qué se sigue desarrollando la arrogancia política y militar en este y otros países, cuando yo ya he brindado al mundo la posibilidad de tener vida y vida en abundancia? Yo no soy señor de muertos, soy Señor de vivos.

Yo me quedé pensando: “es verdad; a Dios le hacemos miles de preguntas y más bien Él es quien debe preguntarnos por los talentos que nos ha dado, por la vocación que nos ha regalado, por la misión que nos ha encomendado…”

Nuestra nave espacial «Cristo-móvil» va de prisa y ya se ha sesgado hacia Australia, a donde se han dirigido deportistas y multitudes de todos los países para celebrar, en Sidney, las Olimpiadas 2000.

Yo, con mi educación tan griega, estoy emocionado, y empiezo a recorrer en la pantalla diversos escenarios, con unos «zoom» (o acercamientos) fabulosos, hasta poder destacar las venas saltadas de los corredores de cien metros, los músculos estirados de quienes saltan garrocha, los sudores de los maratonistas, los que saltan, las gimnastas tan bellas como gráciles, quienes nadan como delfines y se echan clavados de alturas increíbles, con figuras más increíbles aún…

Jesús se vuelve a mí como Maestro de Espíritu Santo y mirada de “Martha, Martha, te entretienes en muchas cosas, y una sola es necesaria…” Yo recuerdo todas las horas pasadas en televisión y las comparo con las pasadas en oración. Decido fingir no darme mucha cuenta y quiero ver cuántas medallas lleva México o España (donde estuve hace poco)…

— (Tú) ¿No le dices nada a este hombre lúdico que dice estar consagrado a Ti y mira cómo se ha desconec­tado de nosotros?

Jesús nos pide atención y escucho que nos dice, con acento de Cenáculo eucarístico:

— (Jesús) Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz. Va llegando la hora, y ya estamos en ella, en que atraeré todo a Mí, cuando sea levantado en alto en el centro de cada corazón humano. Entonces sabrán que “Yo soy” el que da la vida:

  • el que transforma a los jóvenes en teas de fuego divino por toda la Tierra,

  • el que mueve multitudes de «manos blancas» en España para buscar una fraternidad definitiva basada en el diálogo con base más en los corazones que en las razones,

  • el que inspira una democracia tal que favorezca a las personas más que a los capitales en Estados Unidos y sus imitadores,

  • el que mueve a la conversión y a los cambios de política en favor de los más vulnerables, en México, en Colombia, en India, en donde haya dos o más reunidos en mi nombre,

  • el que hace a los pueblos revisar su conciencia colectiva para no sacrificar a los inocentes en un submarino atómico,

  • el que pide a los pueblos que compitan más bien en la carrera de la paz mundial, con una justicia mayor que la de escribas y fariseos de cada generación, por una distribución de la riqueza que extirpe el hambre, la violencia y el saqueo del planeta Tierra. El que tenga oídos que oiga.

Acuatizamos suavemente por obra del Espíritu Santo, bajo la mirada del Padre. Rescatados, en la playa, Jesús partió el pan, lo bendijo y, después de este camino de Emaús transoceánico, nos dejó la mente acelerada y el corazón ardiente… hasta otra ocasión.

 

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