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Ismael
Gómez Gordillo M., M.Sp.S. . Elián González, el niño cubano balsero, ha vuelto a Cuba con los
suyos, después de haber estado largo tiempo en Estados Unidos, sujeto a la tensión de un
concatenado proceso jurídico que ciertamente rebasaba su situación infantil, dado que en
los polos de la tensión estaban dos países enteros, dos sistemas sociales, dos maneras
de ver la vida y de proponerla a los demás países. Con ocasión de esta situación, la
imaginación se me ha escapado a Jesús-Niño varias veces, en el sentido de haber sido
rebasada su situación infantil desde su nacimiento: desde la huída a Egipto hasta su
pérdida en el Templo de Jerusalén. ¿No se parecería su carita cuando los perseguía
Herodes a la de Elián cuando se encontró frente al guardia armado en su escondite de
Estados Unidos? ¿Qué cara le habrá puesto a José y María cuando ella lo interpeló al
tercer día de perdido, en el Templo, en medio de los doctores de la ley? ELIÁN ENTRE DOS PAÍSES Veo a Elián como «signo» de nuestros
tiempos en cuanto que dos sistemas contrapuestos de concebir la vida y al ser humano, se
lo disputan como prueba de su propia validez y experiencia social. Por una parte su país de origen, Cuba,
ha buscado rescatarlo con la fuerza de la solidaridad comunitaria, basándose en
manifestaciones organizadas uniformemente y en pantalla ante las naciones del mundo,
como queriendo decir: vean cómo somos felices en grupo nacional, sin necesitar de
bienestar; si no retornas acá, el mundo va a pensar que somos infelices. Hazle caso a tu
papá el chiquito papá biológico y el grandote papá Fidel Castro. Por otra parte Estados Unidos buscó
retenerlo con la atracción de su confort y sus avasalladores bienes de consumo, como reto
y revancha de los cubanos exiliados. Parecía que le decía a Elián y al mundo entero:
mira cómo hallaste lo que buscaba tu mamá: buena vida; tú invalidas al comunismo
de una vez por todas. Hazle caso a tu mamá la frágil que se ahogó y la
grande de tu familia agringada en Miami. JESÚS ENTRE LOS DOCTORES Cuando leemos los Evangelios desde la
Cruz de Jesús para atrás, la pérdida de Jesús en el Templo no nos parece igual que si
la leemos hacia delante: desde su nacimiento hasta ese acontecimiento. Leído el pasaje como biografía
cronológica en que suceden los hechos progresivamente, los «doctores» (cuya raíz viene
de «doctus», «doctior»: docto, más docto) nos aparecen como buenas gentes, asombrados
por las preguntas agudas de un Jesús precoz en su religiosidad. Pero Jesús, interpretado desde su
Pascua (pasión, muerte en cruz resurrección), nos puede descubrir otra cosa: el
haber estado desde su infancia en medio de los doctos de la ley que más tarde lo van a
acosar en su ministerio y a condenar como grupo (Escribas
Saduceos, Fariseos, Sanedrín, con excepciones
individuales posibles) nos puede revelar una situación análoga a la de nuestro Elián:
el niño Jesús produce discusión seguramente por preguntar cosas como ¿el Mesías
debía ser triunfalista como David en su reinado o humilde como el «siervo de Yahveh»
del exilio en Babilonia? María y José lo rescatan y vuelve a
Nazaret donde sigue creciendo entre ellos en estatura, sabiduría y gracia , delante
de Dios y de los hombres escribe san Lucas en dos ocasiones. MÉXICO, DEMOCRACIA INFANTIL, ENTRE LOS DOCTOS Con las interminables y fatigosas
campañas pre-electorales y electorales, el resultado del 2 de julio y el inicio de
proyectos de Alianza por el cambio del presidente electo Vicente Fox, he
sentido a México, con su democracia adolescente, como Elián entre dos países y como
Jesús entre los doctos. La identificación con los niños Jesús y Elián no es por la
ingenuidad ciertamente, sino por la tensión del virtual gobierno entre los perdedores de
las elecciones (especialmente la del PRI como nueva oposición ) y los doctos
ancestrales en democracia, los Estados Unidos, que atraen el agua para su
molino. Jesús creció ateniéndose a José y
María en familia cotidiana, preparando su mesianismo con una existencia que desemboca a
la vez en triunfo y fracaso: la cruz convertida en gloria, escándalo para los judíos,
absurdo para los griegos, sabiduría para nosotros según enseña san Pablo a los
griegos de Corinto. Nosotros hemos de crecer nacionalmente
trascendiendo las antinomias cotidianas y asumiendo la democracia en su expresión
«moral», que ha de cualificar a la democracia numérica que dio paso a Fox. La
democracia numérica es competitividad, desafío, apasionamiento temporal. La democracia
moral:
Yo creo el crecer en democracia como es
el crecer en una familia sana. El «pueblo con poder» (démos: pueblo;
krátos: poder) se recarga de energía desde casa y sólo es su expresión pública el
Congreso, las Cámaras y la silla presidencial. TÚ Y YO ENTRE LOS PAÍSES Y LOS DOCTORES DE DEMOCRACIA Si algo tiene de bueno el
«posmodernismo» es que usa de la razón sin darle el corazón. Eso te quiero proponer
aquí. Sin duda tú y yo valoramos nuestra inteligencia personal y colectiva, y hemos
además de usarla lo mejor posible (como intento manifestarlo escribiendo esto), pues por
ella sabemos que podemos avanzar: saber más hace más poderosos a todos. Sin embargo, como nos enseña un salmo
sapiencial de la Biblia: si tienes riquezas, no les des el corazón. Lo que
nos va a sacar adelante, en la historia de la bienaventuranza humana, no es la «razón
pura» (de la que el mismo Kant nos enseñó a desconfiar), sino el amor de caridad, el
amor «de a gratis» a dos personas: a uno mismo y a los demás; es así como se encarna
el amor de Dios entre nosotros. Jesús lo enseñó como el centro de su mesianismo de
reconciliación: en esto se resumen la Ley (de Moisés) y los Profetas: amarás al
Señor tu Dios
y al prójimo como a ti mismo, y todavía más: Ámense
como yo los amo, dándose la vida, no quitándosela. Esto no nos hace «tontitos»,
verdaderos o aparentes, frente a la política y la religión, sino que nos exige hablar
sin doblez. Cristo Jesús por una parte denuncia la incoherencia: ¡Ay de vosotros
escribas y fariseos hipócritas, porque
!, pero por otra y sobre todo exige
amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen (así con cadencia de
castellano de España, para que suene más solemne). En otras palabras: nuestra policroma
diversidad razonante no nos debe neutralizar ni polarizar en el ejercicio democrático en
nuestra vida diaria, sino que la debemos hacer brotar de un corazón en que reine el
Espíritu Santo, en el que convivan la sabiduría e inteligencia con la fortaleza y
piedad, el perdón con el esfuerzo, lo bueno con lo malo, el discernimiento con la
esperanza, el disentir en ideas con el trabajar para compartir el pan de cada día. QUÉ HARÍA CON EL NIÑO ELIÁN Para no tomar sólo de pretexto al
niño Elián González (que ahora goza de un ámbito artificial agringado en su Cuba para
que no extrañe el bienestar suspirado) quiero pensar en cómo hubiera yo solucionado el
entuerto. Yo le hubiera conseguido el doble pasaporte: el de Estados Unidos por habérselo
ganado a nado, y el de Cuba por su origen latino. Le garantizaría estudios en ambas
partes, organizadamente: curso ordinario en uno y verano en el otro país. Lo prepararía
para ser un «niño universal», como lo fue Jesús, quien es a la vez «hijo de David» e
«Hijo amado del Padre de los cielos». Esto quizá hubiera abierto horizontes a nuevas
generaciones de niños «elianes» (a los viejos los dejaría seguir en sus anquilosadas
disputas). ¿Y qué hacer con México,
analogía del niño Elián en cuanto a caminar, sin mucho poder, entre sistemas que nos
tensan y militan activamente en el diario organizarnos? Pues propongo reforzar la raíz,
que es en donde se unen las diversidades justas que nos pretenden gobernar: mirarnos en
las pupilas de Santa María de Guadalupe unidos el indio bienaventurado Juan Diego con
Fray Juan de Zumárraga, el obispo español, quienes terminaron formando una nación
nueva, como en los ojos de María y José se miró Jesús Niño para acoger agradecido y
sin exclusiones a los pastores desarrapados y a los reyes con sus tesoros. Regresar a Temas de reflexión
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