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POLVORÍN EN SUDAMÉRICA,
CON MECHA EN MÉXICO

Ismael Gómez Gordillo M., M.Sp.S.

En Perú los candidatos presidenciales en pugna «muy pareja» y su segunda vuelta son una advertencia para el Continente entero, que nos habla de cambios rápidos y profundos en modelos de regir un pueblo, con raíces tan diversificadas como los sucesores de los Incas.

En Venezuela es otra la situación y parecida la respuesta popular muy dividida, ante una Presidente militar desafiante de un contexto histórico de petróleo, centro de las finanzas nacionales, que  en sube-y-baja de precio global, hace inestable a toda una sociedad, golpeada, por otra parte, por las inundaciones más desastrosas de un siglo.

En Quito, Ecuador, se han conjuntado también la ambigüedad política social con el golpe de la naturaleza por torrentes de lluvia que anegaron la ciudad en abril pasado.

Colombia, líder de narco-producción y guerrilla permanente, más poderosa que las fuerzas económicas y políticas del país, hacen disolver ante nuestro espíritu sus bellezas naturales y su gente de bien tan aceptadas por nuestros programas televisivos con amplia difusión.

En Chile, el caso de Pinochet, en el banquillo internacional de los acusados por «lesa dignidad humana», es un clavo en el zapato que hace caminar con dificultad sus caminos recientes de democracia modelo y logros de organización nacional.

¿Y MÉXICO?

México se prepara a las elecciones del 2 de julio del 2000, en que se puede prever el «síndrome sud-americano» concentrado en nuestra situación:

  • Carlos Salinas de Gortari y su corriente empalman con la situación de Pinochet en cuanto a ilusión despiadada, aunque no haya detrás un ejército uniformado y tanta multitud conocida de desaparecidos.

  • Nos consideran émulos de Colombia en cuestión de narco-tráfico, con índices de mayor consumo y unos «cárteles» mejor organizados que nuestros hermanos del cono sur.

  • En cuestión de elecciones estamos «echando nuestra barba a remojar» ante las paridades sin mayoría de Perú, pues encuestas que van y vienen —calificadas o descalificadas— hacen prever cifras semejantes en los tres partidos más fuertes: PRD, PAN, PRI.

  • Sobre desgracias naturales hemos tenido de todo: sequías muy extendidas e inundaciones de tal magnitud, que desequilibran el mejor presupuesto y polarizan la atención con recursos.

  • Nuestro petróleo pasó de una baja impresionante para el presupuesto nacional en 1999, a un alza amenazante en el 2000, que ha alarmado al equilibrio económico de Estados Unidos y puesto de rodillas hasta al mismo Clinton a través de sus expertos (en controlar todo para su beneficio).

UNA MIRADA DE IGLESIA

Tenemos una invitación muy integral, por parte de nuestros Obispos mexicanos (Conferencia Episcopal Mexicana), emitida el 25 de marzo pasado. Se trata del Documento «Del encuentro con Jesucristo vivo a la solidaridad con todos». Desde ahí podemos mirar y  reflexionar en común para actuar con eficacia eclesial, no sólo ante el «polvorín sudamericano», sino ante un contexto muy amplio y realista, que interpreta la historia nacional (I parte), toma conciencia de la acción intraeclesial (II parte) y analiza la cuestión social en orden a trascender apatías, desconfianzas, divisiones y descalificaciones, para alcanzar ser fermento de reconciliación nacional lúcida y constructiva.

No pretendo emitir un juicio sobre el Documento —que apenas vamos digiriendo en su riqueza— sino aceptar su perspectiva y mirar nuestro entorno con su mirada, que ha de ser una respuesta a la mirada misma de Cristo Jesús echada sobre nuestra situación actual y nuestro Continente en evolución.

Dicho Documento, en efecto, se ha propuesto ser una expresión inmediata del documento pontificio «La Iglesia en América», que vino a proclamar a nuestra multiforme América (Norte – Centro y Sur) el papa Juan Pablo II el año pasado desde México, como lugar teológico de «referencia», especialmente por el signo de Santa María de Guadalupe, «estrella» permanente de la evangelización en Cristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”.

La «mirada eclesial» abarca un arco muy interesante:

  • desde el panorama nacional, fruto de largos y acuciantes diálogos con todos los ámbitos de nuestra patria,

  • hasta la visión de futuro, camino a la derecha del Padre, que María de Guadalupe ha acompañado con paciencia histórica y guía el Espíritu Santo,

  • pasando por dejarnos mirar por el Hijo, Jesús el Cristo, que sana lo que ve enfermo, —según el Evangelio y la historia de la Iglesia en México.

MIRADA QUE COMPROMETE

Esta mirada exige dos movimientos y un empeño.

Ante todo exige PURIFICACIÓN: necesitamos del antibiótico de la confianza entre nosotros, civiles y eclesiásticos, lo mismo que del colirio de la fraternidad internacional, que aunque no significa siempre «amistad», sí hace prevalecer los lazos de la semejanza por creación y redención, que América evidencia por su fe en Cristo, desde Alaska hasta Tierra de Fuego.

El segundo movimiento, como actitud es la ESPERANZA. Hace poco oí a una sabia mujer que decía, sobre la situación civil y eclesial de México: «optimismo no, pero esperanza sí». La «esperanza» con minúscula nos toca entretejerla a cada uno de nosotros/as con el más próximo (prójimo), anudándola con su interior más profundo que, afirmamos, está habitado por el Espíritu y, en el peor de los casos, está garantizada por su potencial de “imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,27). Pero esa minúscula es vuelve Esperanza con mayúscula, cuando nos constatamos unidos por el mismo Espíritu de Jesús y su fuerza divina, por lo que se convierte, así, en virtud «teologal».

EL EMPEÑO brota de la visión que el «polvorín» de Sudamérica nos sugiere, con su «mecha» de semejanza hasta México: asumir, en primera persona, el grado y poder de responsabilidad que cada uno de nosotros tiene.

  • Lo contrario a esto es dejar en manos de otro, de cualquiera, el curso de nuestra historia personal, nacional e internacional.

  • El que asuma en primera persona significa que cada uno se dice a sí mismo: YO voy a ir a votar; YO voy a fundamentar mi voto basándome en razones y no a «corazonadas» (visceralmente); YO pienso que conviene esto, por estas razones…; YO me voy a hacer solidario en México necesitado a través de…; YO no voy a excusarme de mi acción diciendo que otros (el gobierno, tal partido, el clima, la vecina) «tienen la culpa de todo»; YO voy a mirar a Jesús para discernir qué debo hacer.

  • Finalmente cada uno tiene un área de poder y un grado de corresponsabilidad, que nadie ha de sustituir: no la tenemos toda todos, pero sí tenemos una participación que, si falta, no tendremos excusa para mentar y lamentar que el polvorín actual de Sudamérica nos estalle en las calles de México pronto.

 

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