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VIVIR EL JUBILEO CON
FÉLIX DE JESÚS Fernando Torre Medina Mora,
msps. (Tercera y última parte). En los artículos publicados en este espacio, en los meses de marzo y abril, hemos reflexionado sobre el Gran Jubileo del año 2000, o más específicamente sobre la manera como el P. Félix Rougier vivió algunos de los elementos del Jubileo: el amor a la Trinidad y a la Eucaristía, el perdón y la liberación. Veamos ahora otro elemento esencial, el tiempo, ya que «en el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental» (TMA 10). El pasado El P. Félix se deja llevar por la dinámica evangélica frente al tiempo. Mira el pasado no para evadir el presente, ni para hacer estériles comparaciones o para vivir con una melancólica nostalgia. Mira el pasado para reconocer las intervenciones salvíficas de Dios y, así, poder agradecerlas debidamente. Con estas palabras comienza su Autobiografía: «Recuerdos de mi vida, para agradecer a Dios sus beneficios». A los Misioneros del Espíritu Santo les pedía: «Vivan muy agradecidos por su llamamiento a tan sublime y divina vocación Den las gracias al Padre amadísimo con mucho amor por tantos favores hechos y prometidos».[1] En su escrito titulado Mi nunca y mi siempre, encontramos esta frase que nos revela el secreto de su incesante gratitud: «Nunca olvidar los beneficios de Dios».[2] El presente Se ubica en el presente con la confianza del que sabe que está en las manos de Dios. Por eso vive en paz, irradia gozo y está en armonía. El presente es el tiempo de la memoria y la gratitud, de la celebración y la fiesta. «El término jubileo nos dice el papa Juan Pablo II expresa alegría; no sólo alegría interior, sino un júbilo que se manifiesta exteriormente» (TMA 16). Félix de Jesús supo alegrarse con las gracias que Dios le había concedido. Cada año recordaba con gratitud y gozo el 4 de febrero, aniversario de su encuentro con Conchita Cabrera de Armida. Así escribe desde su destierro, en 1907: «¡Feliz y mil veces feliz el aniversario de hoy! ¡Oh, mi Jesús, mi Jesús, GRACIAS con toda el alma, por haberme llamado a la Cruz por tu Santo Espíritu! ¡Hace hoy tres años! ¡Tres años de gracias, y qué gracias!».[3] También celebró con inmensa gratitud sus 50 años de vida religiosa. Éstas fueron las palabras que pronunció en la chorchita que le hicieron para festejarlo: «A las 12 de la noche estaba despierto, era natural, y me puse a rezar un Te Deum y después el sueño no vino, y a las 4 de la mañana en la capilla, recé otro Te Deum, y después otra vez en mi adoración sólo pude decir: ¡Perdón y gracias! Perdón millares y millones de veces, porque 50 años no son 50 minutos, es largo y hay razón para pedir millones de perdones. Y la otra palabra: Gracias, porque 50 años es largo también e innumerables las gracias y favores para ustedes y para mí también. Todos juntos no tenemos sino un solo corazón y una sola alma para agradecer; y esta mañana como lo dijeron tan elocuentemente varios de los oradores, pude dar gracias dignamente, porque eran acciones de gracias de un valor infinito y las di en mi nombre y en el de todos y cada uno de ustedes. Esta fiesta tiene octava, y me ayudarán a dar gracias a Dios por tantos y tan grandes beneficios como se ha dignado concederme en esta amada Congregación».[4] De especial importancia fue la celebración de sus bodas de oro sacerdotales, el 24 de septiembre de 1937. La Misa fue en la Basílica de Guadalupe. Durante el banquete, después de que varios tomaron la palabra, el P. Félix dijo: «Debemos pasar la vida dando gracias a Dios por todos sus beneficios».[5] En esa misma fecha envía su conocida circular: Nuestra hermosa vocación. Allí escribe: «¡La gratitud es el aire que respiran nuestras almas!».[6] Y a una sobrina suya le dice: «¡Cincuenta años de misas! Ayúdame a dar gracias a Nuestro Señor».[7] Además, nos legó la tradición de las chorchitas. Eran sencillas reuniones familiares; aunque, con ocasión de algún aniversario, se convertían en verdaderas fiestas. Pero muchas veces, sin ocasión alguna, el P. Félix se reunía con sus hijos o hijas espirituales a platicar, con el simple propósito de hacerles pasar un rato agradable.[8] El P. Félix supo condimentar la vida con la celebración de diversos acontecimientos. Como aquel 5 de mayo, día que los mexicanos celebramos la victoria (?) sobre los franceses, en Puebla. El P. Tarsicio Romo, a modo de diálogo con el P. Félix, nos narra: «Entonces tú saliste de tu cuarto con cara de gozo, como de niño travieso, y nos dijiste: Este día no hay conferencias ni clases. Es día de paseo, porque en este día les ganamos a los franceses».[9] El futuro Félix Rougier mira el futuro con esperanza, abandonado en las manos del Padre. Es capaz de soñar en grande y de visualizar el ideal a alcanzar. Pero no se conforma con soñar; también se esfuerza por construir el futuro, por hacer que las cosas sucedan. Desde su destierro, en 1906, escribe en su Cuenta de conciencia, a modo de diálogo con Conchita: «Sigo en el mismo estado de DESEO VIOLENTO de hacer algo por mi Jesús, empezando esta fundación de Él tan deseada. [ ] Cuando pienso que estoy aquí, tal vez por mucho tiempo, se me parte el corazón, pero felizmente esta impresión es muy rara, pues como Ud. sabe, querida madre, tengo una fe robusta en las promesas de mi Jesús, y, por su misericordia, NO ME DESANIMO FÁCILMENTE. Me hago siempre y a pesar de tantas esperanzas burladas y de tanto tiempo recorrido, me hago siempre la dulce ilusión de que mañana ya todo va a empezar; si no, creo que me moriría de pesar».[10] Su certeza en la fidelidad de Dios, lo hizo emprender acciones aparentemente temerarias. Veamos dos ejemplos:
Los hijos e hijas espirituales de Félix de Jesús debemos tener su misma confianza ante el futuro, su misma certeza en las intervenciones de Dios: «Lo demás lo haré Yo. Y estamos segurísimos que lo hará N.S. porque ESTA CONGREGACIÓN ES SUYA, de veras».[12] «Nosotros somos sus amigos y no esperamos más que en Él. Y por eso, y solamente por esa esperanza, somos fuertes, unidos, gozosos, y seguros ante el futuro!».[13] [1] Rougier F: Escritos, circulares - cartas. España, 1989, p 123.
[2] Ib., p 174 [3] Rougier FJ: Cuenta de conciencia 1904-1914. Edición privada. México, 1997, vol 3, p 14: 4 feb 1906. [4] Rougier FJ: Meditaciones, conferencias, homilías (versión del P. Jesús Oria). México, edición privada, 1985, p 1. [5] Padilla JM: El Padre Félix Rougier: IV. Fecundidad espiritual, p 485. [6] Rougier F: Escritos, circulares cartas, p 76. [7] Padilla JM: El Padre Félix Rougier: IV. Fecundidad espiritual, p 481. [8] Vera P: Un hombre de Dios. México, Editorial Jus, 1980, p 11 [9] Romo T: Contigo en el camino. México, Editorial La Cruz, 1978, p 131. [10] Rougier FJ: Cuenta de conciencia 1904-1914, vol 3, p 121: 16 sep 1906. [11] Rougier F: Escritos, circulares cartas, p 132. [12] Ib., p 302. [13] Ib., p 253.
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