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VIVIR EL JUBILEO CON FÉLIX DE JESÚS

 

Fernando Torre Medina Mora, msps.

(Segunda parte).

 

En el artículo publicado el mes pasado, iluminados por el ejemplo del P. Félix de Jesús Rougier, comenzamos a reflexionar sobre el Gran Jubileo. Dijimos que el 2000 es un año consagrado a la Trinidad y un año intensamente eucarístico. Veamos ahora otros dos elementos fundamentales del Jubileo.

 

La reconciliación y el perdón

En los Años Santos, nos dice el papa Juan Pablo II, «se siente con mayor intensidad la llamada de Jesús a la conversión» (IM 8). Es tiempo de reconciliación con Dios y con los hermanos.

Hay algunos hechos en la vida de del padre Félix que nos hablan de su capacidad de perdón:

  • A su hermano Manuel —como él sacerdote y religioso de la Sociedad de María— le confía sus proyectos con respecto a las Obras de la Cruz, y le dice: «Tú eres el único que sabe esto y yo te suplico que guardes este secreto en lo más hondo de tu corazón». Pero Manuel descubre ante los superiores los proyectos de su hermano. El P. Félix le escribe: «¡Ah, Manuel, te perdono con todo el corazón, pero has abusado muy gravemente de mi confianza en ti».[1]

  • En una comunidad de religiosas, con ocasión de una visita que hizo al Santísimo, se le levantó una calumnia: que había ido allí de noche «con fines malos». Posteriormente la que entonces era superiora va a verlo y le pide perdón. El P. Félix le dice: «Yo le perdono con todo el corazón».[2]

  • En tiempos de la persecución religiosa en México 1927, el P. Félix Rougier escribía: «Todavía Jesús nos deja en esta Semana Santa bajo el poder de sus enemigos. Que Él, que perdonó al buen ladrón, les dé también una buena hora de arrepentimiento y que sean perdonados de tantos males que han hecho. La misericordia de Dios es infinita».[3]

El P. Félix vivió en una constante conversión a Dios. Notable fue su cambio a partir del encuentro que tuvo con Conchita Cabrera de Armida.  Un cambio que asombró a sus hermanos de comunidad.

El 9 de enero de 1938, un día antes de su muerte, el P. Félix es visitado por el P. Edmundo Iturbide. Éste le dice: «Ofrezca, Padre mío, todos esos dolores por la Congregación; yo seré el primero en corregirme». La respuesta del P. Félix manifiesta hasta qué punto había asimilado la actitud evangélica de constante conversión: «Yo también me corregiré, aun cuando sea lo poco que me falta».[4]

Pero Félix de Jesús, como presbítero, era también ministro de la reconciliación. No se conformaba con que el penitente hiciera una simple “confesión de los pecados”. Aprovechaba el sacramento para dar orientaciones que hacían de ese encuentro una verdadera dirección espiritual. «Más que la Confesión, la Dirección será el fin de los Misioneros».[5]

Las recomendaciones que hace a los sacerdotes nos ayudan a conocer mejor el corazón bueno de este pastor:

«Que sean muy exactos en ir al confesonario a las horas determinadas, y si los llaman que vayan sin demora. Que reciban a todos sus penitentes, sin distinción de clase, con la misma caridad y mansedumbre.

Si se trata de pecadores que vivían muy lejos de Dios, de cualquier calidad que sean, entréguense completamente a atender a esas pobres almas, sin mirar el tiempo que emplean en ellas, ni la pena y molestia que les tomen».[6]

«Trabajaremos, con igual celo, por las almas de los ricos y de los pobres; pero los pecadores, los pródigos y los pobres serán los más amados».[7]

 

Año de liberación

El papa Juan Pablo II nos recuerda que, en el Antiguo Testamento, durante el año jubilar, «se liberaban los esclavos» (TMA 12). Era tiempo de gracia y liberación.

El Espíritu Santo fue conduciendo a Félix Rougier para que aprendiera a «esperar contra toda esperanza» (Rm 4,18).

Había anhelado ser sacerdote, pero una enfermedad en la mano derecha se lo impedía. ¿Dejar de soñar en el ideal del sacerdocio o atreverse a pedir a Dios el milagro? Gracias a las oraciones de María Luisa, su mamá, y por intervención de Don Bosco, Dios otorgó a Félix Rougier la salud. ¡Y fue sacerdote! [8]

Un día, a través de Conchita Cabrera de Armida, descubrió la voluntad de Dios: fundar el Oasis de hombres. Para realizar este proyecto tuvo que sufrir un destierro de diez años; tiempo de prueba, purificación y sufrimiento. ¿Por qué no salir de la Sociedad de María y fundar la nueva Congregación? ¿Por qué no olvidarse de ese proyecto, que algunos de sus hermanos calificaban de “ilusorio”? Pero un día se cumplieron las promesas de Jesús, y Félix Rougier regresó a México. ¡Y fundó a los Misioneros del Espíritu Santo el 25 de diciembre de 1914!

En 1903, Jesucristo prometió que Félix Rougier, religioso Marista, un día sería Misionero del Espíritu Santo. Al darle el permiso de fundación, le prohibieron pertenecer a la nueva Congregación; sus superiores lo prestaron por dos años. Luego, en 1916, lo prestaron por otros dos. Al término de este período, en 1918, lo volvieron a prestar «por dos años, y no más». Tuvo que intervenir el Papa para que le concedieran otro permiso por cinco años. Al fin, el 27 de marzo de 1926, recibió la autorización para pasar de la Sociedad de María a la Congregación por él fundada. Ese mismo día escribe a Conchita: «Gracias por todo lo que Ud. ha hecho por lograr esta grandísima gracia, tan ardientemente deseada».[9] Al día siguiente, 28 de marzo, Félix de Jesús hizo sus votos, y añadió a su nombre las siglas “MSpS”.[10] Durante 23 años caminó «como si viera al invisible» (Hb 11,22), pero al fin llegó a la meta. ¡Y fue Misionero del Espíritu Santo!

El jubileo es “el año de gracia del Señor”. Es el tiempo en que se cumplen las promesas del Dios fiel.

[1] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: III. El Fundador. México, Editorial Frumentum, 1964, pp 86-94.

[2] Rougier F: Diario. México, Edición privada, 1997, vol 2, pp 8-12, 41, 65.

[3] Citado por Padilla JM: El Padre Félix Rougier: IV. Fecundidad espiritual. México, Editorial La Cruz, 1971, p 168.

[4] Lira A: Breve reseña, en Rougier FJ: Autobiografía, p 97.

[5] Rougier F: Escritos, circulares – cartas, pp 276-278.

[6] Ib., pp 277-278.

[7] Ib., p 98.

[8] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: I. Preparándolo para su misión, pp 150-153; 169-174; 188-191.

[9] Cabrera de Armida C: Cuenta de conciencia 46, 270: 27 mar 1926.

[10] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: III. El Fundador, pp 257, 304, 331.

 

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