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Fernando Torre Medina Mora,
msps. (Segunda parte). En el artículo publicado el mes pasado,
iluminados por el ejemplo del P. Félix de Jesús Rougier, comenzamos a reflexionar sobre el Gran Jubileo. Dijimos que el
2000 es un año consagrado a la Trinidad y un año intensamente eucarístico. Veamos ahora
otros dos elementos fundamentales del Jubileo. La reconciliación y el perdón En los Años Santos, nos dice el papa Juan Pablo II, «se siente con mayor intensidad la llamada de Jesús a la conversión» (IM 8). Es tiempo de reconciliación con Dios y con los hermanos. Hay algunos hechos en la vida de del padre Félix que nos hablan de su capacidad de perdón:
El P. Félix vivió en una constante conversión a Dios. Notable fue su cambio a partir del encuentro que tuvo con Conchita Cabrera de Armida. Un cambio que asombró a sus hermanos de comunidad. El 9 de enero de 1938, un día antes de su muerte, el P. Félix es visitado por el P. Edmundo Iturbide. Éste le dice: «Ofrezca, Padre mío, todos esos dolores por la Congregación; yo seré el primero en corregirme». La respuesta del P. Félix manifiesta hasta qué punto había asimilado la actitud evangélica de constante conversión: «Yo también me corregiré, aun cuando sea lo poco que me falta».[4] Pero Félix de Jesús, como presbítero, era también ministro de la reconciliación. No se conformaba con que el penitente hiciera una simple confesión de los pecados. Aprovechaba el sacramento para dar orientaciones que hacían de ese encuentro una verdadera dirección espiritual. «Más que la Confesión, la Dirección será el fin de los Misioneros».[5] Las recomendaciones que hace a los sacerdotes nos ayudan a conocer mejor el
corazón bueno de este pastor: «Que sean muy exactos en ir al confesonario a las horas determinadas, y si los llaman que vayan sin demora. Que reciban a todos sus penitentes, sin distinción de clase, con la misma caridad y mansedumbre. Si se trata de pecadores que vivían muy lejos de Dios, de cualquier calidad que sean, entréguense completamente a atender a esas pobres almas, sin mirar el tiempo que emplean en ellas, ni la pena y molestia que les tomen».[6] «Trabajaremos, con igual celo, por las almas de los ricos y de los pobres; pero los pecadores, los pródigos y los pobres serán los más amados».[7] Año de liberación El papa Juan Pablo II nos recuerda que, en el Antiguo Testamento, durante el año jubilar, «se liberaban los esclavos» (TMA 12). Era tiempo de gracia y liberación. El Espíritu Santo fue conduciendo a Félix Rougier para que aprendiera a «esperar contra toda esperanza» (Rm 4,18). Había anhelado ser sacerdote, pero una enfermedad en la mano derecha se lo impedía. ¿Dejar de soñar en el ideal del sacerdocio o atreverse a pedir a Dios el milagro? Gracias a las oraciones de María Luisa, su mamá, y por intervención de Don Bosco, Dios otorgó a Félix Rougier la salud. ¡Y fue sacerdote! [8] Un día, a través de Conchita Cabrera de Armida, descubrió la voluntad de Dios: fundar el Oasis de hombres. Para realizar este proyecto tuvo que sufrir un destierro de diez años; tiempo de prueba, purificación y sufrimiento. ¿Por qué no salir de la Sociedad de María y fundar la nueva Congregación? ¿Por qué no olvidarse de ese proyecto, que algunos de sus hermanos calificaban de ilusorio? Pero un día se cumplieron las promesas de Jesús, y Félix Rougier regresó a México. ¡Y fundó a los Misioneros del Espíritu Santo el 25 de diciembre de 1914! En 1903, Jesucristo prometió que Félix Rougier, religioso Marista, un día sería Misionero del Espíritu Santo. Al darle el permiso de fundación, le prohibieron pertenecer a la nueva Congregación; sus superiores lo prestaron por dos años. Luego, en 1916, lo prestaron por otros dos. Al término de este período, en 1918, lo volvieron a prestar «por dos años, y no más». Tuvo que intervenir el Papa para que le concedieran otro permiso por cinco años. Al fin, el 27 de marzo de 1926, recibió la autorización para pasar de la Sociedad de María a la Congregación por él fundada. Ese mismo día escribe a Conchita: «Gracias por todo lo que Ud. ha hecho por lograr esta grandísima gracia, tan ardientemente deseada».[9] Al día siguiente, 28 de marzo, Félix de Jesús hizo sus votos, y añadió a su nombre las siglas MSpS.[10] Durante 23 años caminó «como si viera al invisible» (Hb 11,22), pero al fin llegó a la meta. ¡Y fue Misionero del Espíritu Santo! El jubileo es el año de gracia del Señor. Es el tiempo en que se cumplen las promesas del Dios fiel. [1] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: III. El Fundador. México, Editorial Frumentum, 1964, pp 86-94. [2] Rougier F: Diario. México, Edición privada, 1997, vol 2, pp 8-12, 41, 65. [3] Citado por Padilla JM: El Padre Félix Rougier: IV. Fecundidad espiritual. México, Editorial La Cruz, 1971, p 168. [4] Lira A: Breve reseña, en Rougier FJ: Autobiografía, p 97. [5] Rougier F: Escritos, circulares cartas, pp 276-278. [6] Ib., pp 277-278. [7] Ib., p 98. [8] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: I. Preparándolo para su misión, pp 150-153; 169-174; 188-191. [9] Cabrera de Armida C: Cuenta de conciencia 46, 270: 27 mar 1926. [10] Cf Padilla JM: El Padre Félix Rougier: III. El Fundador, pp 257, 304, 331.
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