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Misionero del Espíritu Santo, Jorge
Ortiz González, M.Sp.S. La celebración de la VIIª Asamblea del Apostolado de la Cruz en Torreón, Coah. (25-29 octubre), es ocasión para seguir reflexionando en la responsabilidad que tenemos como Instituto en la orientación de esta Obra. Los Estatutos dicen que «Aprobada el 25 de mayo de 1898 por el Papa León XIII, fue confiada al cuidado y dirección de los Misioneros del Espíritu Santo por el Papa Pío XI, el 9 de julio de 1926» (ER 7). N. P. Félix nos decía al respecto: «El Apostolado de la Cruz, amados hijos, es, como las demás Obras de la Cruz, un don riquísimo que ha venido del cielo, don que debemos apreciar grandemente y hacer fructificar para el cielo. ¡Ojalá y todos los Misioneros del Espíritu Santo: Sacerdotes, estudiantes y coadjutores nos preocupemos de esta Obra y la tengamos siempre presente al pie del Sagrario!» (ECC, España, 59). Esta Obra se caracteriza por estar abierta a todos los fieles cristianos que forman el pueblo de Dios: laicos, religiosos, sacerdotes (cf ER 8). Sin embargo, constatamos que prácticamente sus miembros pertenecen al laicado. Lo cual nos pide estar atentos a esta realidad para que sigamos las orientaciones de la Iglesia y la Obra pueda responder a las situaciones de nuestro mundo. La Exhortación Apostólica Ecclesia in America, al referirse a los laicos, subraya de modo determinante la importancia de su presencia en la Iglesia: «La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae sobre ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia» (EIA 44). Menciona, enseguida, los dos ámbitos en que se realiza la vocación de los fieles laicos. «El primero, y más propio de su condición laical, es el de las realidades temporales, que están llamados a ordenar según la voluntad de Dios. La secularidad es la nota característica y propia del laico y de su espiritualidad que lo lleva a actuar en la vida familiar, social, laboral, cultural y política, a cuya evangelización es llamado. Se espera de los laicos una fuerza creativa en gestos y obras que expresen una vida coherente con el Evangelio» (id). El segundo ámbito es el llamado intraeclesial. Se trata de «aportar sus talentos y carismas a la construcción de la comunidad eclesial como delegados de la Palabra, catequistas, visitadores de enfermos o encarcelados, animadores de grupos, etc. De todos modos, aunque el apostolado intraeclesial de los laicos tiene que ser estimulado, hay que procurar que este apostolado coexista con la actividad propia de los laicos, en la que no pueden ser suplidos por los sacerdotes: el ámbito de las realidades temporales» (id). Y más adelante hace notar la importancia de evangelizar los ambientes políticos, económicos, sindicales, militares, sociales y culturales, especialmente ante la difusión del secularismo en dichos ambientes. Ése será un camino privilegiado, «el mejor antídoto», para superar tantos casos de incoherencia y de corrupción que afectan las estructuras sociopolíticas (cf ibíd. 67). Nos podríamos preguntar todos los M.Sp.S., particularmente los responsables de un Centro, si el modo como orientamos a los miembros del Apostolado obedece a estas indicaciones eclesiales o si, más bien, el segundo ámbito es el que promovemos más, dejando un tanto de lado el primero. En la celebración de la reciente Asamblea definimos algunas Grandes acciones que quieren responder a los grandes desafíos que nos presenta la realidad actual y las necesidades de la Iglesia. Nuestro servicio es alentar esas líneas y colaborar para que se vayan realizando de un modo definido y claro. 1. Formación: Se necesitan contenidos generales que rijan la formación de la Obra en lo humano, en lo cristiano, en la Espiritualidad de la Cruz y en la proyección apostólica desde la Doctrina social de la Iglesia. 2. Organización: Buscar una organización sencilla, flexible y dinámica que permita mantener la identidad, unidad y eclesialidad de la Obra, y que propicie un servicio oportuno y eficiente a las bases. 3. Matrimonios: Seguir promoviendo el surgimiento, crecimiento y consolidación de los matrimonios. 4. Jóvenes: Continuar el impulso de la sección juvenil de la Obra en comunión con todos los demás miembros. 5. Responsables: Se necesitan sacerdotes responsables que
6. Comunicación: Promover la comunicación como colaboración, presencia y transmisión de la información en los siguientes niveles: Al interior de la Obra: en los espacios y estructuras de comunión que presentan los Estatutos (Sección, Zona, Centro, Consejo).
7. Proyección apostólica: Unirnos al movimiento de la Nueva Evangelización de la Iglesia, con la fuerza de nuestro carisma, proyectándonos así a responder a los retos y necesidades del mundo de hoy. 8. Expansión: Preparar agentes con una visión de inculturación teniendo una mayor comunicación con los centros y el Consejo Central, lo cual exige la traducción del material de formación para que la Obra se establezca definitivamente en la expansión. 9. Eclesialidad: Continuar impulsando la eclesialidad de la Obra a través de la inserción de la misma en las estructuras, planes y acciones eclesiales. Ante estas reflexiones y Grandes acciones, tú, Misionero del Espíritu Santo:
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