P. Jorge Ortiz González,
MSpS.
Superior General
Después de haber presentado en la Primera parte algunas reflexiones generales en torno al
documento "Ecclesia in America", paso ahora a la consideración de la estructura
y los elementos significativos.
La Exhortación está compuesta de una
introducción, seis capítulos y una breve conclusión. Todo está centrado en la persona
de Jesucristo: lleva a Él o de Él toma inspiración para iluminar las diversas
actitudes.
La Introducción (1-7) ubica el documento
en la historia pasada y reciente de la evangelización del Continente, así como en el
proceso de los Sínodos continentales que preparan al Gran Jubileo. Se insiste en que
debemos mirar a "América como una realidad única" (5). En este sentido, se
subraya cómo la experiencia sinodal permitió vivir un encuentro entre el Norte, el
Centro y el Sur, "no sólo como hermanos del Señor, sino también como miembros del
Colegio Episcopal" (4).
El Capítulo I (8-12) se centra en
describir el "Encuentro con Jesucristo vivo" a partir de los encuentros narrados
en el Nuevo Testamento. No obstante ser el más breve, es el punto fundamental de
arranque.
En la Iglesia, con la ayuda de la Virgen
María, hoy se continúan realizando los encuentros con Cristo. Son particularmente
sugestivos los "lugares" donde nos podemos encontrar hoy con El: en la Sagrada
Escritura hecha oración, en la Liturgia y en las personas, especialmente en
los pobres. Se eliminó un cuarto lugar que hablaba de las maravillas de la creación. Se
resalta poco la acción del Espíritu Santo.
El Capítulo II (13-25), titulado "El
encuentro con Jesucristo en el hoy de América", resalta lo positivo que ha existido
y existe en nuestro Continente, lo cual es prueba de la presencia viva de Cristo entre
nosotros; al mismo tiempo señala algunos aspectos negativos, "situaciones de pecado
que dejan entrever la necesidad de la conversión y del perdón del Señor" (13).
Los numerosos mártires, santos y beatos
que tenemos, son "la expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana de
América" (15). Lamentablemente, en la nota 35, en que se hace el elenco de estos
santos, no aparece San Felipe de Jesús.
Se hace notar la importancia de la piedad
popular, la presencia católica oriental, lo realizado por la Iglesia en el campo
educativo y social. Se valora el creciente respeto por los derechos humanos, aunque falta
mucho por hacer. Se analiza lo positivo y negativo del fenómeno de la globalización y
urbanización creciente. Se expresa la preocupación por los problemas de la deuda
externa, corrupción, narcotráfico y ecología.
El Capítulo III (26-32), titulado
"Camino de conversión", elimina la primera parte: "El encuentro con
Jesucristo", que aparecía tanto en los Lineamenta como en el Instrumentum Laboris.
Sin embargo, el final del primer párrafo con que se inicia el capítulo, dice
explícitamente que "el encuentro con Jesús vivo, mueve a la conversión" (26);
y, más adelante, "Es necesario renovar constantemente el encuentro con Jesucristo
vivo, camino que nos conduce a la conversión permanente" (28).
La señal más clara e incuestionable de
que alguien se ha encontrado con el Señor es que ha cambiado su mentalidad y su modo de
actuar, dejándose moldear por los criterios evangélicos; de lo contrario, su
"cristianismo es sólo nominal" (26).
Hay que resaltar que la conversión tiene
una dimensión social (27), que debe ser permanente (28) y bajo la guía del Espíritu
Santo (29). Se invita a fomentar "el sacramento del perdón" (32).
El Capítulo IV (33-51) es el más largo.
Aquí también, como en el anterior, sólo se dejó "Camino para la comunión".
Sin embargo, se sobreentiende que ese camino es el encuentro con Jesucristo, como aparece
claramente en el título de la Exhortación.
Todo lo que es la Iglesia: personas, ritos,
estructuras y acciones hemos de ser "signo e instrumento de la comunión querida por
Dios, iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la plenitud del Reino"
(33).
Hay que resaltar que "esta comunión,
existente en la Iglesia y esencial a su naturaleza, debe manifestarse a través de signos
concretos" (ibid).
La Exhortación va recorriendo las diversas
instancias de comunión, partiendo de la Eucaristía "que continúa siendo el centro
vivo permanente en torno al cual se congrega toda la comunidad eclesial" (35).
El Capítulo V (52-65) tiene como título
"Camino para la solidaridad", y presupone también que este camino parte del
encuentro con Jesucristo. Así se plantea al inicio del Capítulo: "La conciencia de
la comunión con Jesucristo y con los hermanos, que es, a su vez, fruto de la conversión,
lleva a servir al prójimo en todas sus necesidades, tanto materiales como espirituales,
para que en cada hombre resplandezca el rostro de Cristo" (52). Por tanto, quien se
ha encontrado con el Señor, no tiene otra alternativa que darse a los demás; si no lo
hace, no se ha encontrado de verdad con Jesús y es un mentiroso.
El capítulo desarrolla las diversas formas
y exigencias de la solidaridad, iluminadas siempre por la Doctrina Social de la Iglesia.
Propone la globalización de la solidaridad y enumera diversos pecados sociales que claman
al cielo. Se dice una palabra actualizada obre derechos humanos, deuda externa,
corrupción, drogas, carrera de armamentos, cultura de la muerte, indígenas y migración.
Cuando se votó el documento, el n.58
tenía la forma clásica de "opción preferencial por los pobres". Sin embargo
en la redacción final se puso "amor preferencial por los pobres y marginados".
Se quiere subrayar que este amor preferencial no es optativo, sino obligatorio, porque es
esencial al cristianismo. Una vez hecha la opción fundamental por Cristo, no hay libertad
de optar o no por los pobres, pues el Señor se ha identificado con ellos.
No se trata de descalificar cuanto se ha
dicho sobre esta opción en documentos anteriores; tampoco hay una regresión o
involución, sino una consolidación. Se le da más fuerza al no hacerla optativa, sino
fundamental.
El Capítulo VI (66-74), titulado "La
misión de la Iglesia hoy en América: La Nueva Evangelización", no aparecía como
documento aparte ni en los Lineamenta, ni en el Instrumentum Laboris, ni en el elenco de
Proposiciones votadas y aprobadas en la Asamblea sinodal. Sin embargo, el contenido estaba
disperso en otros capítulos. Los redactores integraron las diferentes propuestas
sinodales, y el Papa las considera como "un programa nuevo, que puede definirse en su
conjunto como nueva evangelización. Como Pastor supremo de la Iglesia, deseo
fervientemente invitar a todos los miembros del pueblo de Dios
a asumir este
proyecto y a colaborar con él" (66).
Se insiste en que evangelizar es "la
tarea fundamental" de la Iglesia (ibid). Se resalta la importancia de la catequesis,
la evangelización de la cultura, de los centros educativos y de los medios de
comunicación. Se aborda el desafío de las sectas y la misión ad gentes.
Concluye la Exhortación con una llamada a
la esperanza y a la gratitud (75), y con una oración a Jesucristo por las familias de
América (76).
Todo aquél que quiera mantenerse fiel al
Espíritu Santo y a la Iglesia encarnada en este tiempo y lugar, ha de asumir la
Exhortación con espíritu de fe para descubrir los caminos por los que el Espíritu lleva
a su Iglesia aquí y ahora.
Hay que dejarse conducir por el Espíritu,
en vez de seleccionar, aprobar y aplicar sólo aquello que vaya de acuerdo con la propia
postura, ya que el Espíritu no sólo estuvo en Medellín, Puebla y Santo Domingo, sino
también en este Sínodo.
Que Santa María de Guadalupe, cuyo
"rostro mestizo fue ya desde el inicio un símbolo de la inculturación de la
evangelización", sea nuestra "guía y estrella" (70).
Jorge Ortiz González, M.Sp.S.
Superior General