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La exhortación apostólica
Ecclesia in America (1ª parte)

He tenido la gracia y la oportunidad de participar en la 66ª Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano, que se realizó en Lago de Guadalupe del 12 al 16 de abril de este año. Tuvo como tema principal el estudio y reflexión sobre el documento postsinodal que entregó el Papa Juan Pablo II el pasado 23 de enero en la Basílica de Guadalupe.

Lo primero que deseo subrayar es que fue voz común que este documento no es para leerse y archivarse, sino que señala pistas muy concretas para el caminar de la Iglesia en América al final de este milenio y para los años venideros. Son análisis, líneas de acción, sugerencias personales y pastorales para que vayamos descubriendo juntos un modo de hacer presente a Jesús vivo en nuestras realidades concretas, es un insistente llamado a la Nueva Evangelización.

Soy consciente que esta Exhortación está dirigida a quienes caminamos en este "Continente de la Esperanza", pero al escribir estas líneas no dejo de tener presentes a mis hermanos que viven y realizan sus tareas apostólicas en España e Italia. Hay muchos elementos que son comunes a nuestro ser de Iglesia y a los acontecimientos y realidades que nos rodean. A ellos los invito a hacer suyas estas reflexiones y a leer ese documento con mirada abierta, eclesial, con la certeza de que les será iluminador y enriquecedor.

Quiero recoger en estas reflexiones que les comparto muchas de las cosas dichas y compartidas en esa Asamblea, buscando hacer una síntesis que nos permita colocar en su justo lugar este documento y servirnos de él para nuestra vida personal, nuestra renovación y servicio apostólico.

Convendría tener presente y releer el "Proyecto Pastoral" (Jesucristo, vida y esperanza de México, 1996) que elaboró la CEM para los años 1996-2000. Ahí los Obispos mexicanos adelantan lo que ahora el Papa resalta y subraya en su Exhortación apostólica.

1.Partimos de la toma de conciencia de que se trata de un Documento postsinodal. Es decir, la Exhortación es fruto de un Sínodo. Esto le da una identidad característica, ya que de las 295 citas que tiene, 199 recogen las Proposiciones que los Padres sinodales aprobaron en la Asamblea y entregaron al Santo Padre. De estas 199 citas, 139 son párrafos asumidos textualmente; las restantes 60 citan el contenido que propusieron, aunque no sean las palabras textuales.

Aunque son muy pocas las Proposiciones que no se citan, sin embargo su contenido está expresado de diversas maneras a lo largo del texto y, a las veces, presentado de manera muy amplia.

Como se puede comprobar, el Papa fue muy fiel a las Proposiciones que le entregaron los Padres sinodales y que fueron enriquecidas con los aportes de las Congregaciones romanas. Por otra parte, los Padre sinodales eligieron un equipo de cardenales y obispos de todo el Continente para que ayudaran en la elaboración del documento. Ellos se han reunido varias veces en Roma para estar al pendiente del proceso de elaboración del texto y, posteriormente, para analizar juntos cómo va la aplicación y puesta en práctica. Es deseo del mismo Papa dar seguimiento al caminar del documento.

Por tanto, los Padre sinodales se ven muy bien reflejados en el texto final de la Exhortación. Se puede afirmar que cuanto ahí se dice no es opinión exclusivamente personal del Papa, sino expresión de toda la Iglesia en América, guiada por el Espíritu Santo, "con Pedro y bajo Pedro".

Además, es interesante notar la procedencia de otras citas que aparecen en el documento: Concilio Vaticano II, Pablo VI (sobre todo "Evangelii Nuntiandi"), Juan Pablo II, Santos Padres y Congregaciones romanas, Documentos del Episcopado latinoamericano y norteamericano.

El estilo de la Exhortación es muy sencillo y refleja el caminar de la Iglesia en este Continente. Aún más, se percibe el estilo de los documentos latinoamericanos, pues la mayoría de los participantes procedían del llamado "subcontinente".

Son pocos los puntos que reflejan situaciones más propias de Estados Unidos y Canadá, como cuando se habla de la presencia católico-oriental (17.38), de las relaciones con los judíos (50) y con otras religiones no cristianas (51), de la pena de muerte (63), de la discriminación racial (56), etc.

En varios textos se descubren inquietudes expresadas por los obispos de esos países, pero se puede afirmar, contra el temor de que con este Sínodo se desvaneciera el camino andado por la Iglesia en América Latina, una vez más se comprueba su consistencia e influjo en toda la Iglesia, particularmente en el norte superior de nuestro Continente; y que los problemas son más o menos comunes en toda América, aunque con sus matices particulares.

El método que refleja la Exhortación es el mismo que se siguió en la Asamblea: tener siempre como centro inspirador a Jesucristo y, a la luz de esta contemplación, mirar con ojos de pastores la realidad, en vistas de irla transformando en Cristo.

Por eso el primer capítulo se centra en el encuentro con Jesucristo vivo. El segundo describe algunas realidades del hoy de América. Los cuatro restantes nos llevan a la transformación del Continente, de modo que se haga presente en él el Reino de Dios. Son los mismos pasos que se siguieron en el documento de Santo Domingo: contemplación de fe, desafíos de la realidad y líneas pastorales. Sin embargo, el Papa procede con libertad para ir integrando los diferentes momentos, ya que a veces empieza por la contemplación y, en otras, por la realidad. No consagra un método particular, pero sí privilegia el de Santo Domingo.

P. Jorge Ortiz González, M.Sp.S.
Superior General


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