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La Familia de la Cruz Jorge Ortiz González, MSpS. En nuestras últimas reuniones como Familia de
la Cruz hemos ido creando un ambiente de comunión al constatar lo que nos une: la
vivencia de una misma Espiritualidad. Hemos compartido con gozo el don de la fraternidad y
al mismo tiempo las riquezas de las diversidades de cada Institución. Hemos sentido la
necesidad de expresar con acciones conjuntas la fuerza de nuestra espiritualidad común,
reflejando la solidaridad de Cristo Sacerdote. Por ello, la Familia de la Cruz se ha
organizado, se ha solidarizado y se ha hecho presente allí donde el sufrimiento y la cruz
han dejado huella en la vida de los hombres y mujeres, y en concreto, en la vida de un
pueblo: El Salvador. Cuando interiorizamos nuestra espiritualidad
sacerdotal reflejada en un abanico de carismas de vida religiosa y obras laicales, cuando
nos dejamos mover por el Espíritu, cuando vivimos en fidelidad a Dios los elementos de
dicha espiritualidad, irremediablemente el Espíritu nos lleva hacia los demás, hacia los
hermanos. Es decir se hace realidad aquella máxima del Apóstol Santiago «demuéstrame
tu fe con obras»(St 2,18), «la fe sin obras está muerta» (St 2,26), o
aquella otra de los Obispos mexicanos en su carta pastoral: «La solidaridad es la
expresión operante de la caridad» (223). La solidaridad no es algo extraño o añadido
a la dinámica de nuestra espiritualidad; es un elemento fundamental, sin el cual
estaríamos cayendo en un reduccionismo que dejaría incompleta tanto la comprensión,
como la vivencia y la expresión de dicha espiritualidad. Si además estamos hablando de una
Espiritualidad de Cruz, no podemos de ninguna manera ser ajenos a la cruz de tantos
hombres, que en las diferentes formas de pobreza, injusticia, soledad, marginación,
ausencia de sentido de la vida, etc. se ven obligados a cargar, haciendo de su vida una
vida de crucificados. Es ahí donde la cruz pascual y redentora de Jesús, el gran
Crucificado de la historia, puede seguir generando vida y resurrección. Sólo con nuestra presencia solidaria en
espacios, lugares y personas donde se carga la cruz del sufrimiento haremos creíble
nuestro compromiso de fe, y nuestra espiritualidad será una espiritualidad encarnada en
la vida de los hombres y se hará verdaderamente significativa. Nos ha costado durante mucho tiempo
profundizar y descubrir la dimensión social de nuestra espiritualidad; es todavía una
asignatura pendiente todo lo relativo a lo social en nuestras Instituciones como Familia
de la Cruz; y es a través de estos gestos de solidaridad con hermanos que sufren, como
podemos ir creciendo en sensibilidad y cayendo en la cuenta de que Jesucristo, como
Sacerdote y Víctima, por ahí orientó su vida y la entregó hasta la muerte en Cruz. Con esta movilización de solidaridad con
nuestros hermanos de El Salvador hemos dado un paso importante en nuestro caminar como
Familia; un paso importante en la encarnación de nuestra espiritualidad; un paso
importante en unidad y conjunción de esfuerzos; en definitiva, un paso importante en
nuestra vivencia y expresión de la espiritualidad tan rica que el Señor nos ha regalado:
la Espiritualidad de Cristo Sacerdote y Víctima; una espiritualidad para el mundo y para
el hombre de hoy, y no una espiritualidad reducida a la vivencia intimista de unos
cuantos. Por todo esto tenemos que felicitarnos. No
porque hayamos resuelto todo el problema del pueblo salvadoreño en estos momentos de
desastre, que ni podemos ni está a nuestro alcance, sino porque hemos logrado dar a luz y
dar vida a un Organismo de Solidaridad en el ámbito de la Familia de la Cruz, que
ojalá vaya calando en nuestras personas, en nuestras comunidades y grupos y en nuestras
Instituciones con la naturalidad y la espontaneidad de quienes entendemos así el
Evangelio, el carisma y la Espiritualidad de la Cruz. Nuestra presencia en El Salvador ha sido
pequeña, pero creo que significativa; es decir, importante por lo que significa. Por el
momento, y como un primer acercamiento, se ha logrado asumir como proyecto el poblado de
Santa Rita: urgencias de alimentación, reconstrucción de sus viviendas, abastecimiento
de agua corriente, acometida de luz eléctrica
y además, con el criterio de
hacernos presentes en un lugar donde no ha llegado ninguna ayuda gubernamental ni
internacional. Hemos contado con la presencia del P. Fernando
Artigas, MSpS, quien se ha desplazado de Costa Rica a El Salvador. Hemos contado con la
organización de los grupos del Apostolado de la Cruz en ese país. Tenemos una comisión
permanente en El Salvador, compuesta por ocho personas de estos grupos, para dar
seguimiento a los proyectos emprendidos y los que todavía podremos asumir. Hemos logrado enviar por avión el acopio
realizado en el DF de alimentos y ropa, gestionado y organizado por la pastoral social del
Altillo, y distribuido personalmente por nuestra gente en El Salvador a personas
verdaderamente necesitadas. Hemos llegado en directo, sin intermediarios,
a los lugares afectados y a las personas damnificadas, gracias a la presencia de una
Institución de la Familia de la Cruz en El Salvador (Apostolado de la Cruz) y sobre todo
con la seguridad de que nuestra aportación ha llegado íntegramente a los más
necesitados. Estamos elaborando otros dos o tres proyectos
en esta misma línea y con los mismos criterios de acción. Podemos llegar a más, porque
se han recaudado fondos para paliar muchas más necesidades; sin embargo, queremos hacer
las cosas de manera sencilla pero bien; sin protagonismos, competencias ni rivalidades. No podemos dejar de lado el hecho, bien
significativo por otra parte, de que toda esta campaña ha estado acompañada por parte de
todos de un gesto de solidaridad tan valioso o más que el gesto económico; me refiero a
la presencia de todo el pueblo salvadoreño en nuestra oración de cada día, que pone de
manifiesto la dimensión contemplativa de nuestra espiritualidad. Fe y obras,
contemplación y solidaridad, es decir, las dimensiones características de Jesús
Sacerdote y Víctima: contemplativo y solidario. Estoy seguro que el Señor tendrá a bien
recompensar como Él sabe este pequeño gesto de solidaridad y seguramente redundará en
frutos de unidad y vida para todas las instituciones que formamos la Familia de la Cruz y
este incipiente Organismo de Solidaridad. Y recuerden que seguimos unidos en
oración y solidaridad con nuestros hermanos y hermanas de El Salvador.
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