POR
LOS CAMINOS DE EMAÚS
Jorge Ortiz González, MSpS.
Superior General
En la Comunicación 10/1998-2004,
sobre la XIV Asamblea General de la CLAR, les compartía la determinación unánime
que tomó la Asamblea de convocar un Concilio de la Vida religiosa de América Latina y
el Caribe, bajo el lema: «Por los caminos de Emaús».
La propuesta contiene los elementos
básicos:
La CLAR anima a todos los religiosos y
religiosas a seguir recorriendo caminos de refundación con nuevos impulsos que garanticen
lo ya iniciado y nos ayuden a configurar, en fidelidad creativa a nuestros carismas, una
Vida religiosa que por su fidelidad al Evangelio sea más significativa para la Iglesia y
el mundo de hoy.
Espero que los Superiores provinciales les
hayan enviado oportunamente el Mensaje y todo el Programa de este camino que
ya hemos iniciado y que todos los religiosos y religiosas deseamos hacer juntos a lo largo
de estos tres años.
Les recuerdo algunos elementos que debemos
tomar en cuenta para nuestras reflexiones y aportaciones:
La aventura de la Vida religiosa se
inició para nuestros Fundadores y Fundadoras y para cada uno de nosotros en la
experiencia de haber sido seducidos por Jesús y por el Reino.
Esta experiencia nos pone en una ruta en
la que hay tiempos para caminar, para acampar, detenernos y reiniciar la marcha.
Son constantes las interpelaciones de un
mundo con nuevos paradigmas, que reclama expresiones de vida religiosa más significativas
para el hombre y la mujer de hoy.
Atravesamos tiempos difíciles en los que
experimentamos nuestra fragilidad y la propensión a detener la marcha y encerrarnos. El
Espíritu nos anima, en fidelidad creativa al Evangelio, a tejer redes entre nosotros y el
conjunto del pueblo de Dios, construyendo una nueva eclesialidad.
Queremos caminar como los discípulos de
Emaús, acompañados por Jesús, dejando que su palabra ilumine nuestras experiencias de
estos años, encienda nuestro corazón y lo reconozcamos al partir el pan.
Se quiere significar un acontecimiento
eclesial para toda la Vida religiosa de América Latina y el Caribe, que nos ayude a
ponernos en actitud de discernimiento, reflexión orante y nos movilice para responder a
la luz de la experiencia fundante de nuestros carismas, en el tiempo en que nos ha tocado
vivir.
El camino conciliar lo recorreremos en
tres etapas: 1) Iniciación y sensibilidad. 2) Desarrollo. 3) Compartir. El dinamismo de
nuestro camino de Emaús se hará vida en medio de las numerosas comunidades religiosas
que comparten su vida con el pueblo latinoamericano y caribeño, animado por las
Conferencias Nacionales y apoyado por la CLAR.
Recientemente recibí una carta de la
Presidencia de la CLAR (18-9-2000) en la que nos comunican los pasos iniciales que se van
dando en la puesta en marcha de este «Concilio»:
Los primeros ecos: acogida positiva y
entusiasta de religiosos y religiosas.
Por parte de los Obispos: alegría,
disposición para acompañar el proceso con aportes y con oración.
Estamos en la fase dedicada a la
sensibilidad y recogida de reacciones. Cuanto hagamos por dar a conocer y explicar el
camino que estamos comenzando será poco, porque la iniciativa es del Señor y espera lo
mejor de cada uno de nosotros.
Nos plantean las siguientes preguntas:
¿Tiene sentido la convocatoria al
«Concilio»? ¿Por qué?
¿Qué sentimientos y reacciones tienen
ante esta propuesta?
¿Qué problemas y riesgos encuentran en
ella?
¿Qué buena noticia aportaría este
proceso a la Vida religiosa del Continente?
Sugerencias.
Hermanos, los invito a que personal y
comunitariamente entremos en este proceso de reflexión y profundización que nos hermana
con todos los religiosos y religiosas que vivimos y trabajamos en América Latina y el
Caribe.
Pueden enviar sus respuestas directamente a
mí o a la Secretaría de la CIRM. Colaboremos responsablemente en este camino común que
estamos realizando.
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