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LA PROMOCIÓN VOCACIONAL
ACTIVIDAD PRIORITARIA Y PERMANENTE
DE NUESTRA PASTORAL

Jorge Ortiz González, MSpS.
Superior General

Con estas palabras el XII Capítulo General, en 1992, nos señalaba la necesidad de tomar muy en serio el cultivo de las vocaciones para nuestra Congregación. El XIII Capítulo añade que hoy ha aumentado la urgencia de esa tarea (cf 73).

Yo me pregunto hasta qué punto estas indicaciones capitulares están calando seria y profundamente en la realidad de cada uno de nosotros: ¿Entiendo con claridad el significado y alcance de «actividad prioritaria y permanente»? ¿La asumo como una actitud de vida que permea toda mi existencia? ¿Pongo en juego mi iniciativa y creatividad para realizar acciones concretas de pastoral vocacional?

Las palabras del XIII Capítulo General tienen que ser el horizonte concreto y cotidiano desde donde viva mi consagración y ministerio:

El interés y preocupación porque la Congregación crezca en vocaciones debe volverse un modo de ser, de pensar y de relacionarse; un anhelo que se convierta en mentalidad constante, de manera que la búsqueda de vocaciones no se reduzca a momentos puntuales o a responder a iniciativas o disposiciones que nos vengan de fuera, sino que sea el modo de vivir habitual y que tenga cauce en invitar permanentemente a través de todas nuestras actividades, obras y medios (81).

Si analizamos los frutos vocacionales de este año 2000, quienes ingresaron al postulantado, debemos reconocer que la invitación y urgencia capitular han tenido exiguos resultados, y eso a pesar de todos los esfuerzos de los superiores mayores para promover diversas actividades y dotar de personal para este trabajo vocacional: Provincia de México 12, Provincia Félix de Jesús —en México— 9, Vicariato Cristo Sacerdote 10, Italia 1.

Sin embargo, a pesar de estas constataciones un tanto pesimistas, no podemos desalentarnos ni paralizarnos. El momento actual y el futuro que nos espera presentan grandes retos para crecer: renovemos el amor profundo a nuestra propia vocación, reavivemos nuestra confianza en el Espíritu y abrámonos a la esperanza, cualifiquemos nuestro testimonio de consagrados, seamos mediadores de la gracia vocacional con claridad y credibilidad, revisemos el modo como estamos viviendo la cultura vocacional, atrevámonos a invitar a jóvenes concretos para entregarse a esta aventura vocacional (cf XIII CG 72.83.85; Circular 4: Recrear una cultura vocacional: ¡Tarea de todos!).

Que el ejemplo de Félix de Jesús despierte en nuestros corazones el deseo firme y convencido de ser convocadores con nuestro estilo de vida y el ejercicio de nuestra misión. Así podremos hacer realidad lo que el pasado Capítulo General nos presenta como compromiso congregacional:

Por eso, todo Misionero del Espíritu Santo, allí donde se encuentre, debe convocar a otros a seguir radicalmente a Jesús Sacerdote y Víctima en nuestra Congregación, como sacerdote, diácono permanente o hermano coadjutor (86).

Misionero del Espíritu Santo: ¿cuántos jóvenes, bien preparados y con el debido seguimiento, quieres presentar a los próximos aspirantados y postulantados? ¡Pero ya, manos a la obra! Vive y trabaja desde una auténtica cultura vocacional; engendra vida y prepara tus relevos; haz que tu consagración y tu testimonio sea fecundo en vocaciones; consigue que tu vida diaria y tu ministerio se les antoje a quienes te rodean; sé valiente y osado como tu Maestro y no temas decir: «ven y sígueme».

 

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