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Fijos los ojos en... Félix de Jesús

 Jorge Ortiz González, MSpS.
Superior General  

 

Padre Félix de Jesús, el pasado 15 de febrero, la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos reunida en los palacios Vaticanos dio un voto positivo sobre la heroicidad de tus virtudes. Ya eres “venerable”.

Hoy, tus hijos e hijas, nos sentimos invitados, como lo hace el autor de la Carta a los Hebreos respecto a Jesús, a fijar nuestra mirada en ti para refundar el carisma que el Espíritu forjó en ti para bien de la Iglesia entera.

Queremos recordar filialmente algunas de tus palabras que nos dejaste para sentirnos animados a hacer el mismo camino y colaborar así en ese proyecto del Padre que nos envuelve a todos y todas.

«Somos, ante todo, contemplativos,
y luego hombres de acción»

Deseabas ardientemente que tuviéramos como característica la contemplación. «Designamos con esa palabra un estado en el cual la oración domina toda la vida y el alma está continuamente bajo su influencia». «La Regla supone que somos contemplativos, es decir, “atentos a Dios amorosamente”». «Sed, pues, amados hijos, hombres de oración; procurad siempre tener, con el auxilio de una gracia especial que hay que pedir sin cesar, esa presencia de Dios activa que Santa Teresa llamaba “Atención amorosa a Dios”».

«¡Dios, Dios, Dios! les he repetido miles de veces,
y cada día veo más que debemos vivir bajo su mirada, envueltos en el fuego de su amor»

¡Con cuánta unción e intimidad pronunciabas lentamente esas palabras, saboreándolas en tus labios y en tu corazón! Tal vez te acordabas de la expresión de san Agustín: «Y cuando decimos “Dios”, ¿qué es lo que decimos? Esta sola sílaba es todo lo que esperamos. Todo lo que podamos decir está, por tanto, muy por debajo de esa realidad; ensanchemos, pues, nuestro corazón, para que, cuando venga, nos llene, ya que seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es».

«La Santísima Trinidad es todo nuestro amor, y de sus pensamientos y de su amor vivimos… Nuestra inteligencia pasa de una Persona a Otra, adorando y amando». «La unión con Jesús para ir al Padre bajo la moción del Espíritu Santo es como el centro de todo en nuestra vida espiritual». «Nuestra vida de Misioneros, la vivimos bajo las miradas de esas Divinas Personas». «Mire, no sólo debemos tener presente que el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo están en nosotros, pero debemos decidirnos para siempre a HACERLES FIESTA SIN CESAR».

«He orientado francamente toda la Congregación y todas las Obras a la Persona del Divino Padre»

Fuiste un enamorado del Padre, experiencia viviente de la filiación divina, abandonado confiadamente a su providencia.

«Y todo lo debemos al amadísimo Padre!… De ese Padre que nunca amaremos en este mundo como debemos; de ese Padre a quien todo le debemos... ¡Oh Padre, Padre bueno, Padre Santo, Padre de las luces, Padre de las misericordias, Padre Eterno, Padre celestial, Padre de quien viene toda paternidad, Padre de Jesucristo, Padre de María, Padre del género humano, NUESTRO PADRE! ¡Haz que los Misioneros del Espíritu Santo, tus hijos, y cada uno de ellos, te amen apasionadamente!…» «¡Oh, el PADRE… Yo no puedo escribir ese nombre, ver sus letras, sin pensar en el amor tan tierno de Jesús para ESE PADRE tan amado de su Corazón, sin sentirme muy conmovido».

«Nosotros, y nuestras hermanas e hijas decimos:
Nuestro Jesús, Nuestro Padre y fundador, y amigo y nuestro Todo…
»

Cuando pensabas en lo nuestro, te maravillabas al constatar el conjunto incomparable de las intervenciones divinas: “Jesús lo ha hecho todo”.

«La gran tarea, ahora, la divina tarea que Jesús nos ha confiado a cada uno es nuestra transformación en El…». «¡Ver por los ojos de Jesús, y que Jesús vea por los nuestros! ¡Hablar como hablaba Jesús, y que Jesús hable por nuestros labios! ¡Amar como amaba Jesús, y que Jesús ame con nuestro corazón!…» Los caracteres del amor de Jesús para con su Divino Padre son diez: «Amor inicial, amor de obediencia, amor de renunciamiento, amor de delicadeza, amor de ternura, amor de unión, amor de fidelidad, amor de sacrificio, amor filial, amor de abandono». «… que nos determinemos a cumplir en todo y siempre la santísima voluntad de Dios… “Lo demás lo hará nuestro Jesús”».

«Que sean, pues, devotísimos de ese Divino Espíritu»

Querías que fuéramos apóstoles del Espíritu Santo, consagrados de manera particular a ese Espíritu.

«Lo que nos aconsejan las Constitu­ciones es una devoción PERSONAL, intensa, sólida, al Espíritu Santo». «Que recuerden con frecuencia que son LOS INSTRUMENTOS DEL ESPÍRITU SANTO para la santificación de las almas. ¡Qué hermoso título, amados hijos, instrumenta Spiritus Sancti, título precioso, que nos ha de llenar de alegría, de gratitud, de confianza!». «Que pidan sin cesar al Espíritu Santo dos gracias: la de ser hombres de oración y santos directores». «La devoción a la Tercera Divina Persona es, en cierto sentido, más nuestra aún, pues la Congregación lleva su nombre para bien marcar que es suya, y ostentamos su imagen en nuestro escapulario». «Que el Divino Espíritu sea el alma de su alma». «Estudiar bien, usted primero, la teología del Espíritu Santo, y hacerle conocer y amar, instruyendo bien a los fieles sobre lo que es y  lo que puede esta Tercera Divina Persona».

«Que la Eucaristía sea el centro y el divino manantial
tanto de su vida espiritual como de sus ministerios»

Nos enseñaste con tu ejemplo a poner nuestras delicias en adorar al Santísimo Sacramento.

«¡De 9 a 10! ¡Hora de delicias, por cierto, y en un sentido la más preciosa del día, cómo se siente durante y después!…» «Que los Misioneros del Espíritu Santo brillen (y ardan) de un amor ardentísimo hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Su vocación es eminentemente eucarística». «El Espíritu nuestro, pues, es un espíritu de amor a Jesús Sacramentado… Debemos tener un amor muy apasionado por nuestro Jesús en la Eucaristía». «La Eucaristía es el centro de nuestra vida espiritual. Nuestra alma vive en ese Centro, allí se alimenta y encuentra nuevas fuerzas para su apostolado». «Y en los ministerios que Dios nos confía, que nuestra alma viva al mismo tiempo en el Sagrario y en el confesonario, en el Sagrario y en el púlpito, en el Sagrario y en el locutorio: que Jesús hable siempre por nuestros labios».

«¡El amor a nuestra Madre es uno de los elementos del querido color!…»

Tú, el más marista de los maristas, te distinguiste por un amor tierno y filial a María, y así nos lo transmitiste.

«El que no tenga una devoción apasionada a la Santísima Virgen, nuestra Madre, no es Misionero del Espíritu Santo». «El Misionero del Espíritu Santo que no abrigara en su corazón un sólido y entusiasta amor a María, sería como un pájaro que se esforzara en volar sin alas…»  «Un Misionero del Espíritu Santo debe creer firmemente que sin una sólida devoción a María, no hará ningún bien sólido a las almas». «Pero a la  Atención amorosa a Dios, hay que unir siempre la Atención amorosa a María, para corresponder plenamente a nuestra santa vocación. ¡Con María TODO… sin María, nuestra amadísima Madre, NADA!… ¡Oh quién nos dará de amar a nuestra Madre CON PASIÓN!».

Padre Félix, Nuestro Padre, tus palabras claras e incisivas calientan nuestro corazón.

Fijos los ojos en tu ejemplo y en tu modo de vivir, queremos como hijos e hijas tuyos reproducir con gran valor tu audacia, tu creatividad, tu santidad, como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (cf VC 37).

Fijos los ojos en ti, nos esforzaremos por refundar nuestras Congregaciones cultivando una fidelidad creativa y dinámica.

Fijos los ojos en ti, buscaremos recordar y contar una historia gloriosa, pero también empeñarnos en una gran historia por construir, poniendo la mirada en el futuro, hacia el que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con nosotros grandes cosas (cf id 110).

 

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