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Una Iglesia que camina hacia el Tercer Milenio Jorge
Ortiz González, M.Sp.S.
Las diferentes actividades eclesiales en que he participado durante las últimas semanas, me llevan a tomar conciencia de que somos una Iglesia en dinamismo, en camino, en búsqueda. Guiados por el Espíritu de Jesús todos los bautizados: pastores, consagrados y laicos, vivimos en una tensión renovadora que nos hace sensibles y atentos a los signos de los tiempos. LXVII Asamblea Plenaria del Episcopado MexicanoSe realizó en la Sede de la CEM (Lago de Guadalupe) del 8 al 12 de noviembre. Desde las Vísperas solemnes que dieron inicio a los trabajos se percibió el deseo común de querer vivir una experiencia del Espíritu al servicio del pueblo de Dios. Mons. Luis Morales, Presidente de la CEM, inaugura la Asamblea y presenta con claridad a qué hemos venido: «Nos hemos reunido como pastores del pueblo mexicano, en comunión con la Iglesia de América y, particularmente en América Latina y El Caribe, para ofrecer, con humildad pero también con autoridad, una luz que alumbre en las tinieblas, que brinde caminos de esperanza, que dé certeza a quienes buscan con ansiedad, al cruzar el umbral del tercer milenio. Nuestra patria se debate en la confusión y en la desconfianza. Se le prometió que, con el modelo económico escogido, aumentaría la riqueza, para después repartirla y así llegar a la anhelada justicia social. Sin embargo, los millones de pobres no disminuyen; las clases medias se han reducido; la migración interna y externa no se detiene; la tentación de la violencia no desaparece; los conflictos en Chiapas y en la UNAM no encuentran una solución dialogada y pacífica; los desastres de la naturaleza nos toman desprevenidos y, como siempre, afectan a los más pobres. Estamos inmersos en un momento político de particular delicadeza. La lucha por el poder ha pasado por momentos de búsqueda, de esperanza, de cambios, de alianzas, de confrontaciones, pero también de ofensas, intrigas, rupturas y riesgos. Nos falta crecer en madurez y cultura democrática, para que los tiempos previos y los posteriores a las elecciones no paralicen al país, ni se gaste tanto tiempo y dinero en la captación del voto ciudadano. México tiene otras urgencias y necesidades, y no todo puede estar anclado en un proceso electoral». Señala enseguida de manera clara la finalidad concreta de esta Asamblea: estudiar, corregir, enriquecer el Documento de Trabajo elaborado por Mons. Sergio Obeso y Mons. Carlos Talavera y sus colaboradores: «Los Obispos Ante el desconcierto y la angustia de millones de mexicanos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, con la mente ofuscada y con el corazón paralizado. Reducirse a lamentos y críticas, es poco constructivo. Encerrarse en las sacristías, es traicionar nuestra misión pastoral. Mirar de lejos la realidad, sin involucrarse en su transformación, es una irresponsabilidad histórica. Por ello, decidimos orientar la presente LXVII Asamblea Plenaria de la CEM a contemplar a Jesucristo y, a partir del encuentro con El, hacer un análisis de los desafíos y las exigencias pastorales que implica la realidad del México contemporáneo, para ofrecer claros lineamientos pastorales que ayuden a los católicos y a todas las personas de buena voluntad a hacer presente, hoy y aquí, el Reino de Dios, y a renovar con vigor los signos y el mensaje de esperanza que el Señor nos ha confiado. Tendremos como referencia el Año de la Caridad, el Jubileo del Año 2000 y la Exhortación Postsinodal Ecclesia in America». Estas palabras orientaron el estudio y discusión del Documento de Trabajo que ocupó la mayor parte del tiempo de la Asamblea: grupos de trabajo, plenarios, discusiones, aportaciones variadas. Dada la importancia que tiene la elaboración de este documento en el momento concreto de nuestro país, los Obispos decidieron tener una Asamblea extraordinaria el 29 de febrero y 1° de marzo próximos, con la finalidad de llegar al texto definitivo de modo que pueda ser publicado el 25 de marzo del año 2000. Como Iglesia que peregrina en esta parte concreta del Continente americano, acompañamos a nuestros hermanos Obispos en estas reflexiones y vivimos con la expectativa de sus palabras que nos ayuden a afrontar, como seguidores de Jesucristo, las realidades que nos circundan. XXXII Junta
Directiva de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR)
Del 16 al 21 de noviembre se llevó a cabo en Managua, Nicaragua, este acontecimiento que reunió a los Presidentes de las diferentes Conferencias de Religiosos(as) de América Latina y El Caribe. El tema de la reunión fue: Postmodernidad: concepto, alcances y desafíos a la fe y a la vida religiosa. Tuvimos las valiosas reflexiones de tres teólogos que nos iluminaron sobre el alcance y significado del tema:
Con las preguntas presentadas por los ponentes, se trabajó en grupos y posteriormente en plenarios que se convirtieron después en paneles con los conferencistas. En diferentes momentos se fueron presentando los hechos más significativos de las Conferencias de cada país en los últimos años. Todo fue vivido en un ambiente de fraternidad, ritmado por los variados momentos de oración y Eucaristías preparadas con cantos, folklore y riquezas de cada región. Una vez más se orientaron las reflexiones y toma de conciencia hacia la refundación, comprendida como la actualización de una experiencia fundante que lleve a las raíces de nuestra vocación y de toda vocación religiosa, incluso la de nuestros fundadores(as). Una experiencia fundante vivida desde la realidad de la postmodernidad con sus valores y contravalores. Una nueva experiencia fundante que configure también una nueva misión, más amplia, más universal y más capaz de dialogar con otros. LVI Asamblea de Superiores GeneralesTuvo lugar en Ariccia, Italia, del 24 al 27 de noviembre. Los participantes fuimos casi cien. El tema de la reunión: Compartir los carismas y la espiritualidad. Una vida consagrada abierta a los laicos. Esta Asamblea quiere ser un paso adelante en el camino de la refundación de las órdenes y congregaciones religiosas. Hoy existen las condiciones externas e internas dentro de la vida consagrada para proceder a la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II y requerida por la Exhortación apostólica Vita consecrata (VC), que ha invitado a los consagrados a una real fidelidad creativa. Un primer paso de profundización se había realizado el pasado mes de mayo en la Asamblea dedicada al tema de las nuevas vocaciones en el actual contexto socio-cultural de los países occidentales. Ahora, la atención se dirigió hacia afuera de la vida de los Institutos y se puso en el encuentro de comunión y colaboración con los laicos. Se impartieron dos conferencias para la iluminación y profundización del tema, teniendo posteriormente diálogos aclaratorios con los dos ponentes:
Vinieron enseguida las experiencias y testimonios:
Los grupos lingüísticos italiano, francés, inglés y español se dieron a la tarea de responder a cuatro preguntas en torno a las experiencias tenidas en los Institutos, dificultades encontradas, formación inicial y permanente, expectativas de los laicos en torno a su participación. El viernes 26 me tocó ser el moderador de las sesiones. Se presentaron las comunicaciones de los diversos grupos. Enseguida, algunos Superiores que participaron en representación de la USG en el II Sínodo de Europa, compartieron sus experiencias y se entabló un fructífero diálogo con ellos. Dos facilitadores, Octavio Balderas, SDB, y Claude Maréchal, AA, presentan a la asamblea una primera síntesis de lo trabajado hasta el presente. Los participantes enriquecen la síntesis y presentan algunos interrogantes. El sábado 27 fue dedicado a la Asamblea General de la USG con las informaciones anuales de los diversos departamentos y actividades, incluida la economía. Se dieron pasos para clarificar las posibilidades de desarrollo de la relación vida consagrada-laicos según VC 54-56, para llegar a una nueva perspectiva de la vida consagrada capaz de una real condivisión de los carismas y de las espiritualidades mediante un verdadero y recíproco enriquecimiento. El objetivo posterior será el refundar la identidad de la vida consagrada partiendo de una verdadera relación con los laicos. Una relación capaz de superar el todavía patente paternalismo que se ha ido consolidando a lo largo de los siglos. Se buscará, entonces, describir un nuevo modo de ser de la vida consagrada partiendo de la nueva reflexión teológica sobre la Iglesia comunión más que de la naturaleza de la vida consagrada. El surgir de nuevas experiencias de comunión, respetando los diversos carismas, aparece hoy como la prueba concreta de la fecundidad eclesial de la vida consagrada. Sin una real capacidad de condivisión-corresponsabilidad, la vida consagrada corre el riesgo de ser sólo un recuerdo estéril, incapaz de nuevas estaciones eclesiales y de nueva evangelización. Regresar a Temas de reflexión
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